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    15/02/2020, Espai Jove Les Basses, Barcelona. Un año más, el Minifestival de Música Independiente de Barcelona volvió a convertirse en un auténtico oasis para esa especie en peligro de extinción constituida por gente que acude a los conciertos con la principal intención de escuchar música, pues el respetuoso e inusitado silencio que reinó en el recinto permitió disfrutar de todas las actuaciones en su plenitud, especialmente de aquellas más íntimas. Una cualidad de la que sacó provecho Marinho para presentar su indie folk de corte intimista por tierras barcelonesas en un entorno favorable. Acompañada únicamente por su guitarra acústica y una voz de registro portentoso, la joven lisboeta se mostró a gusto sobre el escenario, tanto como para llegar a hacer que la audiencia le prestara sus voces a modo de coro en cierto momento de un set en el que brillaron temas como «Ghost Notes» o «Freckles».  También destacó la británica Sarah Nixey, quien acompañada de su marido Jimmy Hogarth a la guitarra, desplegó toda su elegancia a lo largo de un repertorio sin fisuras que se hizo corto y en el que hubo tiempo, como no podía ser de otra manera, para evocar a Black Box Recorder en un ejercicio de nostalgia con la delicada belleza de «Girl Singing in the Wreckage», «England Made Me» o esa «The Facts of Life» que supuso su principal intento de asaltar las listas de éxito británicas allá por los noventa y con la que Luke Haines y John Moore se proponían hacer de Sarah una estrella pop. Por su parte, la californiana Emily Jane White dio un giro hacia parajes más sombríos con un folk rock de tinte más clásico y perfecta ejecución, que unido a la profundidad de su voz conformaron una hipnótica y envolvente atmósfera.[[{"fid":"250312","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Emily Jane White","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Emily Jane White","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Emily Jane White","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Emily Jane White","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Emily Jane White","title":"Emily Jane White","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] La juventud y desparpajo de los londinenses Happy Accidents puso la nota más colorida de la jornada, con un radiante punk pop con la mirada puesta en el indie rock de los noventa y que, siguiendo la máxima de que en ocasiones menos es más, en formato trío y perdiendo alguna guitarra con respecto a sus grabaciones, los pequeños detalles cobraban mayor relevancia y el juego de voces y melodías de Rich Mandell a la guitarra y Phoebe Cross a la batería traían a la memoria a bandas como Papas Fritas o los más recientes The Goon Sax.[[{"fid":"250315","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Happy Accidents","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Happy Accidents","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Happy Accidents","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Happy Accidents","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Happy Accidents","title":"Happy Accidents","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Los veteranos The Orchids, nombre repescado del catálogo de Sarah Records y muy en consonancia con el historial del Minifestival, pusieron un festivo broche final repasando algunas de esas ocultas gemas pop que han ido cultivando en los últimos treinta años. Justo es reconocer, y agradecer, el encomiable esfuerzo realizado por la organización del Minifestival para ofrecer año tras año un más que interesante cartel a un precio que podría considerarse simbólico, y haber sobrevivido estos 25 años en una ciudad escaparate cada vez más prostituida al capital extranjero y la especulación inmobiliaria y empeñada en deshacer el tejido cultural local que a duras penas bulle por sus venas. Texto: Sergio Rodríguez Fotografías: Maia Figueroa
    27/02/2020
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  • Crónicas
    Asturias, además de “Paraíso Natural”, también es desde hace décadas el paraíso de la música electrónica, tanto de baile como experimental. La excelente salud de dos de los festivales señeros del género como son L.E.V. y Aquasella así lo atestigua. A estos clásicos se sumó el año pasado In Door Festival, cuya segunda edición se ha celebrado los días 14 y 15 de febrero en Gijón. Por razones ajenas a nuestra voluntad no pudimos acudir a las sesiones programadas la primera jornada en varias localizaciones de la ciudad pero nos consta que fueron un éxito de público. Mencionar la cancelación de la del Pueblo de Asturias por un problema de permisos. Del aspecto artístico no podemos hacer valoración alguna pero sí reseñar a varios  de los protagonistas como ShlØmo, Fairmont, Kompromat (Vitalic y Rebeka Warrior) o Daria Kolosova. Lo mismo sucedió el sábado con la sesión vermú-vespertina desarrollada en la terraza del restaurante Bellavista con protagonismo de los djs asturianos Aída Blanco, Richie Risco, Dj Enrique y David Moreira. Antes de centrarnos en el meollo de las actuaciones nocturnas, es de justicia destacar el esfuerzo de la organización por elaborar un cartel con nombres de primera línea internacional y para gustos diversos, incluyendo varios directos (aunque luego no todo fuera como estaba previsto). El grueso del festival se desarrolló en dos de los pabellones del Recinto Ferial Luis Adaro, denominados para la ocasión Raw Room (R.R., dedicado al techno) y Warm Room (W.R., para otros estilos). Sería de agradecer que para futuras ediciones estuviesen adecuadamente señalados, ya que al llegar había que hacer un ejercicio de fé para identificarlos (de hecho, los miembros del staff a los que preguntamos no supieron decirnos cual era cual). En el interior no había ambientación alguna, lo que daba una imagen pobre y un poco cutre, que no mejoraban las sillas y mesas típicas de chiringuito playero de tercera cercanas a la barra. Por cierto, segundo evento electrónico al que acudimos en una semana en el que las copas ni animan ni saben a nada. Eso sí, la pedrada en la cabeza a la mañana siguiente no te la quita nadie. La llegada del público asistente fue bastante escalonada, por lo que no hubo que esperar cola alguna para entrar. Tampoco a la hora de comprar tickets de bebida ni en las barras, y las habituales de los baños fueron perfectamente asumibles. Hubiese sido de agradecer algún puesto con comida, que algunos ya no estamos en edad de cenar alcohol u otro tipo de sustancias (un saludo a la secreta que se coló en el festival, suponemos que en busca de algún émulo de Pablo Escobar o Chapo Guzmán). A las nueve y cuarto de la noche ya estábamos en el Warm Room donde oficiaba Alejandro Ávila. Su apuesta por el synth pop no nos convenció nada y nos acercamos al Raw Room a ver qué nos ofrecía Héctor Llamazares, el cual reunía al grueso de los escasos asistentes madrugadores. Ahí ya encontramos una buena muestra de lo que iba a sonar en ese pabellón durante toda la jornada: techno sin concesiones que iría in crescendo con cada uno de los artistas. Vuelta al W.R. en el que, dentro de la discreta ocupación que tuvo toda la noche, era mayoritario el público más talludito. El directo de Lindstrøm sufrió un sonido regulero, regulero (como en todos los artistas) ya asumido y esperado puesto que la acústica de ambos pabellones es atroz (sí, atroz, no pasa nada por reconocerlo, no son espacios habilitados para sonar bien, y menos música electrónica). Música disco del siglo XXI que nos hizo bailar pero sin despertar grandes entusiamos. Correcto el noruego y redistribución del personal ya que coincidían Vitalic y WhoMadeWho en formato banda.  [[{"fid":"249905","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lindstrøm","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lindstrøm","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lindstrøm","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lindstrøm","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Lindstrøm","title":"Lindstrøm","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] Nos quedamos con los daneses, cuyo show consistió en una sucesión de todos sus éxitos. Muy apropiado cuando un grupo actúa por primera vez en un sitio al que probablemente tardará en volver (si lo hace) y solamente tiene una hora para tocar. Every minute alone, Keep me in my plane, Heads Above, su ya clásica versión de Satisfaction de Benny Benassi…, no se dejaron prácticamente nada en el tintero para regocijo del medio aforo escaso presente.   [[{"fid":"249906","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"WhoMadeWho","field_file_image_title_text[und][0][value]":"WhoMadeWho","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"WhoMadeWho","field_file_image_title_text[und][0][value]":"WhoMadeWho","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"WhoMadeWho","title":"WhoMadeWho","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Tras ellos salió solamente uno de los componentes de Detroit Swindle con un set techno-house que no era exactamente lo que esperábamos. Dado que no nos estaba motivando especialmente nos acercamos a ver qué ofrecían Fjaak y nos lo dejaron clarito: techno potente. De hecho, incluso más potente de lo que esperábamos, cosa que ya nos ha pasado con otros artistas alguna vez. Parece que en cuanto pisan Asturias alguien les dice que aquí lo que gusta es la zapatilla y que se dejen de experimentos.   [[{"fid":"249907","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Fjaak","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Fjaak","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Fjaak","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Fjaak","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Fjaak","title":"Fjaak","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Puesto que el resto del cartel no nos atraía demasiado (excepto Hyenah, pero las fuerzas flaqueaban), decidimos finalizar nuestra experiencia en el In Door 2020, no sin antes poner la oreja en la sesión de Ben Sims, un clásico con multitud de incondicionales que parecían disfrutar de lo lindo con su estilo cercano al hardstyle.  [[{"fid":"249908","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Trikk","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Trikk","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Trikk","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Trikk","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Trikk","title":"Trikk","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Seguramente los acérrimos del techno cuanto más duro mejor (que parecían la mayoría de los asistentes) quedarían bastante satisfechos con el festival. No fue nuestro caso. La ausencia de Detroit Swindle y la excesiva contundencia de Fjaak nos dejaron con pocas opciones de satisfacción, que quedaron reducidas a WhoMadeWho y un Lindstrøm cumplidor sin más. A pesar de todo, siempre es de agradecer que haya quien dedique su tiempo, dinero y esfuerzo a organizar este tipo de eventos que dinamizan la región y nos permiten acceder a artistas que de otra manera sería más difícil verlos por aquí. Nos vemos en In Door Festival 2021. Texto: Bea Pazos y Enkilking Fotos: Bea Pazos
    20/02/2020
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    Llega el otoño y con él una de sus grandes citas musicales, el Intro Music Festival 2019. El festival vallisoletano llega a su sexta edición en plena forma y repitiendo un mes antes de su celebración el sold out de años anteriores. Como siempre, ha contado con los mejores grupos nacionales, no en vano por sus escenarios ya han pasado Izal, Love of Lesbian o Supersubmarina, entre muchos otros. El cartel de este año, prometía cumplir las delicias de los fans del festival, ya que en él nos podíamos encontrar nombres como el mismísimo Iván Ferreiro (un fijo ya del Intro Music), Zahara, y presentándonos su nuevo disco tanto Miss Caffeina, como León Benavente, además de Viva Suecia, Shinova y Veintiuno, formando un line-up de lo más completo. Nuestra andadura por tierras vallisoletanas comenzaba a las 11:30 con la apertura de puertas. Desde primera hora se respiraba buen ambiente y muy buen nivel de asistencia, a pesar de la madrugadora hora. Con el público nervioso, llegaban la 12:30 y salían los suecos a escena. Viva Suecia llegaba al festival con su tercer álbum con apenas dos meses de vida, y una acogida por parte del público y de la crítica impresionante.  En apenas una hora de concierto (ya que por la noche la banda tocaba en Granada), Rafa y los suyos hicieron uno de los mejores shows de todo el festival. Y es que hoy en día los suecos son uno de los mejores grupos españoles en directo, tienen una química y energía impresionantes. Se pasaron el concierto dándose collejas, besos, abrazos y haciendo todo tipo de locuras como tocar la guitarra de rodillas, con el instrumento apoyado en el suelo como si de un ritual se tratase. Pusieron al público patas arriba desde el inicio con “A dónde ir”, uno de sus himnos, y desde ese momento no pararían de sonar uno tras otro, tanto del último álbum como del resto de su material: “Lo que te mereces”, “Algunos tenemos fé”, “Qué querías ser de mayor”, “Hemos ganado tiempo”, “Bien por ti”. Sin duda, los murcianos tienen todas las papeletas para ser uno de los grupos que lideren los festivales nacionales en los próximos años. Llegaban las 14:15 y era la hora de uno de los artistas fijos del cartel, el gran Iván Ferreiro. A pesar del inusual horario, la Feria de Muestras de Valladolid estaba hasta arriba para recibir a Iván. De todos los conciertos que recuerdo de Iván Ferreiro, este me llamo mucho la atención, ya que después de darlo todo con Viva Suecia, llegó el gallego para, en una parte inicial, calmar un poco las aguas y dejarnos un final por todo lo alto. Y es que Ferreiro, que empezaba a las 14:15, nos dejaba con casi dos horas de concierto, terminando a las 4 de la tarde. En este tiempo el maestro nos enseñó lo que es un concierto de indie y puso a todo el pabellón en pie con todos sus temas. Sonaron canciones tanto de su carrera en solitario como de su legendario grupo, Los Piratas, tal como ya nos tiene acostumbrados. Entre lo tema que sonaron están “Turnedo”, “El pensamiento circular”, “Casa, ahora vivo aquí”, “Pájaro azul”, “Ciudadano A”, “Fecha caducada”, "Años 80”, “S.P.N.B.”, entre muchas otras. Llegaba la hora de comer (lo cual estaba muy bien organizado, con variedad de food trucks dentro y fuera del recinto y varias barras con venta de bocadillos), y casi sin descanso nos daban las 16:30 y llegaba el turno de los locales Octubre Polar. Una banda que desconocía hasta la fecha y que mezcla varios estilos como el pop, el rock y el indie, logrando un directo muy sólido y una conexión impresionante con el público local. Sin duda, son una de las bandas a tener en cuenta en el indie del norte de España. La tarde continuaba y con algo de retraso salía al escenario 2 uno de los grupos revelación de la escena española este 2019, Veintiuno. La formación toledana nos presentó su disco "Gourmet", tocando los temas más conocidos de su repertorio como “Dopamina”, “Cabezabajo” y por primera vez y en exclusiva su canción “Pirotecnia” con la colaboración de Alberto de Miss Caffeina. Acto seguido la reina del indie, Zahara, que en hora y poco de concierto nos demostró por qué es considerada una gran referencia del género en España. Y es que la artista es una pasada. En directo se muestra enérgica, baila, baja al público y por supuesto tiene una voz impresionante. La jienense nos presentó temas de su nuevo disco "Astronauta", así como los éxitos de todos sus trabajos anteriores. Sonaron temas como “Guerra y paz”, “El diluvio universal”, “El deshielo” y “Hoy la bestia cena en casa”. Avanzada la tarde llegó el turno de Shinova. El grupo dio un show muy bueno donde nos presentó su gran potencial mezclando rock e indie, con letras profundas y sensibles, y estribillos más animados. Gabriel, como siempre, nos mostró que tiene una voz única, tal y como confirmaron canciones como “Mirlo blanco”, “El álbum” o “Cartas de navegación”. Entraba la noche y llegaba la hora de los que junto a Viva Suecia e Iván Ferrreiro serían los grandes conciertos del festival, León Benavente y Miss Caffeina, ambos grupos con disco nuevo bajo la manga. Qué decir de León Benavente, son la elegancia y la buena música personificados. Con unas lonas doradas al fondo y laterales del escenario, la banda nos mostró todo su repertorio, en el que mezclan rock, indie y electrónica de una manera magistral. Abraham y los suyos son muy buenos en directo y esto hizo que el público estuviese muy por la labor de darlo todo. El concierto estuvo repleto de todos sus éxitos: “Ser brigada”, “Ánimo, valiente”, “Amo”, “Como la piedra que flota”, “Cuatro monos” o “La canción del daño”. Cerrábamos nuestra andadura por Valladolid con nada más y nada menos que Miss Caffeina. El grupo vive su mejor estado de forma, tras la salida de su tercer álbum de estudio, "Oh Long Johnson", y su ultimo single "Cola de pez". Ambos están siendo todo un éxito tanto en ventas como en reproducciones en las diferentes plataformas de streaming. Alberto y compañía nos dejaron un directo impresionante, donde un público más animado que nunca no paró de bailar y corear todas las canciones de la banda. Miss Caffeina se está convirtiendo en una de las grandes formaciones del país y eso se refleja en la cantidad de gente de diferentes edades que coreaba temas como “Cola de pez”, “Hielo T”, “Ácido”, “Oh Long Johnson”, “Reina”, “Prende” y por supuesto “Merlí” y “Mira cómo vuelo”. El Intro Music Festival se está convirtiendo en una cita fija de los festivaleros del país y lo demuestra agotando entradas un año tras otro. Sin duda es un festival con un ambiente muy agradable, buena música, buena localización y una fecha idílica en la que se pueden encontrar pocos festivales de este calibre. Autor: Alejandro Teiga Robles  
    04/12/2019
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    4 jornadas consecutivas, 26 artistas/bandas y una buena cantidad de momentos musicales excelsos los disfrutados en una cita como es el AMFest, de la que los asistentes somos testigos de un crecimiento moderado paulatinamente año a año. En esta edición hemos vivido conciertos que justifican el peso de nombres de primera línea tan potentes como Alcest, Deafheaven o Touché Amoré y, además, empezado a sumergirnos en universos sonoros tan especiales como las propuestas de Sara Fontán, Ainara Legardon o Falç de Metzinera. Jueves 10/10/19 El día de comienzo del festival era toda una declaración de intenciones de la evolución musical que ha vivido musicalmente un evento que ha sabido crecer y transformarse hacia cotas sonoras más allá de su esencia instrumental y post-. Era el turno de Foscor y Daughters o lo que es lo mismo, el black ambiental de los catalanes y la trituradora industrial/noise/hardcore de los norteamericanos. Habría que recuperar aquello de que los árboles no os impidan ver el bosque en base a que muchos asistentes resumirán ambas actuaciones por el continente visual de sus frontman respectivos y no por el contenido musical. En el caso de Fiar de Foscor, iba ataviado con una especie de velo negro y sus aspavientos casi de ritual acompañaron una actuación centrada en sus dos últimas obras más atmosféricas. De menos a más, es una banda a la que se le nota que hacía tiempo que no tocaban en directo, especialmente a su cantante, que no estuvo del todo atinado, y cuyos mejores momentos vinieron en los tramos que miraban más a su pasado blacker en temas como De Marges i Matinades y Espectres al Cau. Del material nuevo la final Cel Rogent.  [[{"fid":"240999","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Foscor","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Foscor","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Foscor","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Foscor","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Foscor","title":"Foscor","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Lo de Daughters ya se veía venir, con un Alexis S. F. Marshall que hace todo lo posible para que no le quites ojo con su exorcismo de demonios a base de microfonazo limpio a la frente o de continuos golpes con el mismo por todo su cuerpo. De un impoluto outfit a terminar a pecho descubierto, frente herida y correa en cuello cual autoasfixia. Más allá de su habitual performance, hay que destacar una banda a lo suyo y capaz de crear cacofonías tensas y rabiosas. Setlist muy basado en su aclamado disco del 2018 y con un final apoteósico en el que soltaron una excelsa Guest House y una no menos impactante Ocean Song que aún retumba en nuestros tímpanos. La apertura de miras también era esto.  [[{"fid":"241000","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Daughters","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Daughters","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Daughters","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Daughters","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Daughters","title":"Daughters","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Viernes 11/10/19 Era a priori para servidor la jornada más completa del programa, una sensación que se confirmó tras salir exultante de la Fabra i Coats tras más de 9 horas en el recinto. Desde la hora de la siesta y con la digestión aún en proceso, nos presentamos a recuperar parte de la esencia del festival con dos combos como Lume! y Tides of Man. Los catalanes, primero, dieron un concierto sólido y con alguna sorpresa cortesía de algún tema apoyados por voz. Los temas de su disco Volchanus sonaron como mandan los cánones del género instrumental. A continuación, hubo ocasión de disfrutar de otro concierto del buen manual del instrumental de la mano de Tides of Man. Los de Florida, en su primer paso por aquí, dejaron muy buen sabor de boca, tejiendo capas instrumentales estimulantes y melódicas. El primer paso por el escenario 3 -dentro del recinto Espai D’Art, al que se limitaba aforo y no acceso de líquidos y alimentos- vino de la mano de una propuesta escénica tan particular como la que presentan Falç de Metzinera. Dúo batería-bajo más bailarina ataviada con un tocado y maquillaje bastante espectacular. Ocultismo, poemas, tradición y aromas de hechizos con un bajo martilleante y reflexiones espirituales. Entre sus filas, la cara conocida de Martha Woods, de Your Grace. Poco después de las 6 y media y tras un rápido avituallamiento, nos acercamos a ver lo visceral y extremo del hardcorizado metal de Portrayal of Guilt. El jovencísimo trío atronó en el escenario 2 y dejó perlas explosivas rápidas contenidas tanto en su último EP como en el aclamado Let Pain Be Your Guide. Con James Beveridge atosigando a su set de batería cayeron temas como de alto contenido inflamable. El contrapunto posterior lo pusieron los polacos Tides of Nebula con su post instrumental, en el que la puesta escénica de la mano de unas columnas leds en colores verdosos y azules cobraban protagonismo. Buen trabajo para llenar un escenario 1 que empezaba a tomar galas de conciertos grandes con mucho personal convocado. Más parroquia aún se aglomeró en el 2 para ver a la sensación belga Brutus. Ya os contábamos las bondades de su música en el artículo previo y no defraudaron. Su slot en el escenario 2 se les quedó pequeño ante un público que les tenía tomada mejor la matrícula de lo que pensaba de antemano. Exhibición de la carismática vocalista/batería Stefanie Mannaerts desde el inicio con Fire y luego con pelotazos épicos como War o Cemetery. Acrecentaron su sensación de ser abrumadores e ir hacia arriba en poco tiempo.  [[{"fid":"241001","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Brutus","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Brutus","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Brutus","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Brutus","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Brutus","title":"Brutus","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Dado que veía desde la distancia que se aglomeraba el público en las primeras filas del escenario principal, decidí ver de lejos el final de Brutus para conseguir un buen sitio de cara al concierto al que más ganas tenía. Hablo del de Deafheaven. A varios de los componentes de la banda californiana los habíamos visto de público viendo a sus compis de gira Portrayal of Guilt y más tarde, tras arrasar sobre las tablas, continuaron disfrutando, en especial George Clarke, del resto de la jornada musical. Pese a un setlist excesivamente centrado en mi opinión en el cuestionable Ordinary Corrupt Human Love- tocaron de él tres canciones y una más si contamos Black Brick- la banda sonó hiper-compacta y con una actitud tremenda. Que George Clarke es un frontman privilegiado ya lo sabíamos de antemano, pero me sorprendió para bien lo enchufados que estaban los guitarristas Kerry y Shiv cuando los tenía por individuos más fríos y contemplativos. Brutales en temas como Honeycomb, Brought to the Water y la apoteosis final con Dream House y Clarke al borde del escenario rugiendo ante las masas. Una hora y seis temas que dejaron con ganas de mucho más. Tras la tempestad, la calma. Daniel Blumberg y su íntima propuesta sirvieron para que nuestras pulsaciones volviesen a ritmo normal. Muchas ganas de escuchar en directo temas del pellizco y calado como Minus o The Fuse en los que el artista arropado con su teclado, armónica y efectos era capaz de dejarte totalmente hipnotizado ante un silencio casi sepulcral. Una de las actuaciones más personales de todo el festival. Tras tomar un poco de aire nocturno y tentempié en la zona exterior nos fuimos raudos y veloces a tomar una posición cercana al lateral del escenario principal para ver a Touché Amoré. Su siempre legión de seguidores de la banda de culto post-hardcore/screamo gritamos todos los temas de su tocado de cabo a rabo primer disco …to the beat of a dead horse. Al segundo tema el bueno de Jeremy Bolm ya se había lanzado al público desmontando lo precario de la señalización provisional para la zona de fotoperiodistas. Mucha intensidad en un concierto en el que exprimieron al máximo su tiempo disponible y pasaron por temazos de Stage Four. Grandiosos con el corazón en un puño en concatenaciones de temas como Flowers and You y New Halloween o Is Survided By y una Rapture muy “lololizable” coreada por los allí presentes. Victoria final con la dinamita de ~. Con el poco hilo de vida y energía que nos quedaba sólo pudimos presenciar parcialmente la actuación de los japoneses, aunque surgidos de la escena londinense, Bo Ningen. Propuesta de rock disonante y distorsionado que no terminó de convencerme durante los primeros compases. Sábado 12/10/19 La otra jornada larga del festival traía una primera parte más ecléctica, vanguardista y experimental. Nos presentamos pronto para sumergirnos en la electrónica ambiental de la sesión de JJOS, continuamos con el preciosismo de The Album Leaf -un clásico del festival, siendo esta su tercera inclusión en el line-up- rememorando por su quince aniversario íntegramente su disco In a Safe Place. Melodías impolutas y cristalinas para quienes se evaden oníricamente con Sigur Rós y similares. Más tarde disfrutamos muchísimo de la personal propuesta de Sara Fontán con su violín amplificado, pedales de efectos acompañada a la batería por el incombustible Edi Pou. Espectacular conjunción de música efervescente fuera de las estructuras habituales y de un proyecto al que cuesta seguirle la pista al no tener material físico ni por las plataformas de streaming publicado. Afortunados pues de haberles visto en directo.  [[{"fid":"241002","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Sara Fontán","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Sara Fontán","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Sara Fontán","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Sara Fontán","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Sara Fontán","title":"Sara Fontán","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] La electrónica y mundo de los modulares no son mi especial devoción, pero estuvimos un buen rato viendo a Puntalaberinto en el escenario 3.  En la senda de triunfo de los locales, jugaban en casa la vuelta de 12Twelve tocando Speritismo y vaya si no defraudaron. Magnífico concierto de Neumaier, Pantaleón y cía. Su libertad para arrasar con el jazz y el instrumental sigue sonando perfectamente tantos años después. Probablemente junto con el concierto de Lisabö, el concierto de mayor nostalgia y de mirar al pasado de la esencia del festival. Menos disfrutado por mi parte fue el paso de los belgas Cocaine Piss, quienes precisamente como 12Twelve tienen experiencia con los estudios de Steve Albini, cuya propuesta de actitud punk me pareció algo extravagante y menos punzante de lo que me gustaría del reivindicativo género. Aprovechamos el final del concierto para una merecida cena y justo entramos con los primeros sonidos de la introducción a la batidora sónica a ratos soul/gospel a ratos black metal que son Zeal & Ardor. Mucha expectación para una banda que apenas un año y medio antes había sido poco vista en el escenario pequeño del Primavera Sound. Mejores sensaciones me dieron ahora la banda de un Manuel Gagneaux muy agradecido por el lleno casi hasta la bola. Mucho de su Stranger Fruit y alguna recuperación aplaudidísima de temas como Come On Down o Devil is Fine. A poco que acierten próximamente con nuevo material, aún crecerán mucho más.  [[{"fid":"241003","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Zeal & Ardor","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Zeal & Ardor","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Zeal & Ardor","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Zeal & Ardor","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Zeal & Ardor","title":"Zeal & Ardor","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Myoboku con Marina Herlop al frente del micro ofrecieron una actuación bastante personal y se granjearon aplausos con posiblemente otro de esos momentos de personalidad propia más allá de géneros y corrientes musicales. A seguirles la pista. A quienes había muchas ganas de ver y en cierto modo decepcionaron un poco dada su reputación fue a Pelican. La banda de Chicago pisaba por primera vez el festival con un post metal instrumental tan acorde a la programación del pasado y presente del evento y sin embargo durante su actuación de una hora dejaron a muchos con la sensación de sonar demasiado planos y fríos. Tocaron varios temas de su regreso discográfico de este mismo año, Nighttime Stories, pero personalmente me resultaron menos contudentes de lo que cabía esperar de su directo. Mejores noticias fueron el poder tener el final de fiesta con los irreverentes Za! Su habitual coctelera marciana de estilos propicia para alargar la hora de irse y disfrutar con su música. Hubo de todo y -según me cuentan, dado que me marché porque el cuerpo no daba para más- cayeron varias versiones delirantes, incluyendo March of the Pigs de Nine Inch Nails. Como decía la propia organización, son la única banda con manga ancha a la hora de estar tocando el tiempo que quieran y lo que quieran. Domingo 13/10/19 La última jornada no era menos importante por sólo tener cuatro bandas en cartel ya que había muchas ganas de pillar a unos siempre escurridizos Lisabö. Pero vayamos por partes. En primer lugar, tocó ver la propuesta shoegazer de los manresanos Puput y ciertamente los pocos que desafiamos la hora tempranera dominical nos llevamos para casa una gran actuación de melodías cristalinas y catarsis de capas y reverb a lo Slowdive. Cortes con dos bajos y otros con guitarra electroacústica y voz como acompañamientos de ensoñadoras composiciones. Otro de esos nombres desconocidos de la escena local y que Sergio Picón y compañeros de organización han tenido a bien colar en esta edición. Tras el turno de los locales, tocaba volver a volar sensorialmente con Alcest. Gran recuerdo de su último paso por la ciudad condal tenía e incluso mejoró tras verles el Domingo. Actuación de hora y cuarto y con magníficas interpretaciones en favoritas como Écailles de Lune Part.1 con esa apoteosis de blast beats final de un Winterhalter inspiradísimo todo el concierto o la rabiosa Percées de lumière. Convenció también la nueva Protection, los temas del Kodama y el final vaporoso habitual con Délivrance. Libra por libra, podría coronarse como el concierto del festival mirando de tú a tú a lo mejor de la jornada del Viernes.  [[{"fid":"241004","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Alcest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Alcest","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Alcest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Alcest","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Alcest","title":"Alcest","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] A Ainara Legardon no la tenía del todo en el radar y por eso me sorprendió su contundente dirección a ratos más cercana a lo introspectivo de un folk electrizado, pero con momentos oscuros no tan lejanos a esa corriente internacional de folk-doom que ha aupado a gente como Emma Ruth Rundle o Chelsea Wolfe. Mucho mérito para ganarse a un público que esperaba ansioso cerrar por todo lo alto con sus paisanos vascos Lisabö. Una institución independiente de la pasión por la música es lo que son Lisabö. Con su habitual estructura con Javi Manterola y Karlos Osinaga en los extremos derrochando pasión y dirigiendo a la doble sección rítmica central, que sudó de lo lindo ante interpretaciones de su triunfal regreso discográfico en 2018 como de anteriores discos, incluyendo mi favorito Animalia Lotsatuen Putzua. Autenticidad absoluta y derroche de energía de una banda que lo da absolutamente todo. El único punto negativo fue la dispar ecualización entre los micros de ambos cantantes que resaltaba en exceso las partes de Txap y acabó sumergiendo demasiado las de Javi Materola. Todo por el público, y como metáfora de ello el final entregando sus guitarras aún conectadas a las primeras filas con los acoples de fondo como sintonía de agradecimiento. Muy grandes.[[{"fid":"241005","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lisabö","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lisabö","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lisabö","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lisabö","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Lisabö","title":"Lisabö","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Días de mucha intensidad musical y de muy buenas actuaciones en el marco de un festival que parece seguir haciendo las cosas genuinamente bien en pos de crear jornadas en las que toda la experiencia se vertebra en lo estrictamente musical y los artistas huyen de maniobras y artilugios de despiste tan habituales en los macro-festivales que pueblan nuestra geografía. Mucho a aplaudir a la organización y simplemente esperar que sigan haciendo las cosas con el mismo nivel de entrega y solventen los aspectos mejorables intrínsecos del recinto, como es el calor. En 2020 esperamos poder seguir disfrutando de bandas y momentos como los vividos. Texto: Álvaro Antípodas Fotos: WasFoto
    23/10/2019
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  • Crónicas
    La capital lucense fue, por segundo año consecutivo, la encargada de acoger el Caudal Fest. Tras una primera edición a la que acudieron 22.000 personas, en esta ocasión se sumaron casi 8.000 más. De esta forma, el festival consigue afianzarse como uno de los eventos más importantes del verano en Galicia y el título, para muchos festivaleros, de “última gran fiesta del verano”. Un cartel muy variado fue el encargado de entretener durante un fin de semana en el que la lluvia poco importó.   [[{"fid":"239736","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] El recinto, que se encontraba situado a orillas del río Miño, abrió sus puertas el viernes a las cinco de la tarde. Estrenando el escenario Estrella Galicia, el principal, se encontraron los grupos de rock Bocanada y Los Bengala. A estos les siguió la primera gran actuación del festival, la del grupo catalán La Pegatina, que consiguió acabar de animar al público que continuaba llegando. La inauguración del escenario Fest Galicia corrió a cargo de la gallega Marem Ladson, que sorprendió con una madurez impactante sobre el escenario y despertó la curiosidad de muchos que, hasta el momento, no la conocían. Un escenario en el que poco después tocaría el grupo gallego, Deleiba. De vuelta al escenario Estrella Galicia, la Maravillosa Orquesta del Alcohol, más conocida como La M.O.D.A, dio uno de los últimos conciertos que ofrecerá en España hasta el 2021. [[{"fid":"239739","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"La M.O.D.A","field_file_image_title_text[und][0][value]":"La M.O.D.A","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"La M.O.D.A","field_file_image_title_text[und][0][value]":"La M.O.D.A","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"La M.O.D.A","title":"La M.O.D.A","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] El grupo de rock Marea fue el encargado de encabezar el cartel este primer día. Con un concierto que duró 2 horas y media, el público tuvo la oportunidad de disfrutar de canciones como “La luna me sabe a poco” o “Corazón de mimbre”. Kutki Moreno, el cantante de la banda, se mostró muy relajado y cómplice con aquellos que no podían dejar de disfrutar de su actuación.   [[{"fid":"239740","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Marea","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Marea","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Marea","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Marea","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Marea","title":"Marea","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Denom, el rapero sevillano Toteking y Dj Jonas fueron los encargados de dar por finalizado este intenso primer día de festival, con un balance más que positivo. La segunda y última jornada empezó lloviendo, una lluvia que se resistió y perdonó a los artistas más esperados del festival. Los grupos gallegos Agoraphobia y Holywater fueron los encargados de abrir el escenario Estrella Galicia. Mientras, el escenario Fest Galicia quedó bajo el cuidado del compostelano Manuel González, más conocido como Ortiga, que animó al público con su propuesta fresca y desenfadada. De vuelta en el Estrella Galicia, Xoel López realizó un espectacular directo en el que reflejó un gran compromiso e implicación con los asistentes.  En ese mismo escenario, tras la actuación de Tigre y Diamante en el Fest Galicia, debutó el artista sevillano Beret, en una de las actuaciones más esperadas de todo el festival.   [[{"fid":"239743","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Xoel López","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Xoel López","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Xoel López","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Xoel López","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Xoel López","title":"Xoel López","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Las bandas The Raptans, nacida en 2018, y Galician Army fueron las encargadas de tocar en el escenario secundario. Unos conciertos guiados por un público joven y, sobre todo, buen rollo. El grupo madrileño Izal fue el peso pesado de este día. Capitaneados por Mikel Izal, se lanzaron a un viaje espacial que iba avanzando canción tras canción, como si de una misión se tratase. Un concierto en el que no faltaron los efectos especiales y que se terminó al son de su canción “El Baile”. Carolina Durante fue el grupo encargado de clausurar, por este año, el escenario Estrella Galicia, una actuación a la que la lluvia no esperó. [[{"fid":"239744","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Carolina Durante","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Carolina Durante","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Carolina Durante","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Carolina Durante","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Carolina Durante","title":"Carolina Durante","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] El Caudal Fest cerró esta edición de la mano de Dj Popy. Desde la organización del festival quisieron dar las gracias a los numerosos asistentes y aseguraron que existirá una tercera edición en la que ya están trabajando, consiguiendo afianzarse como una fecha clave en el calendario de muchos. Texto: Belén Teiga Fotos: Caudal Fest
    01/10/2019
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  • Crónicas
    Como cada primer fin de semana de agosto desde 2017, tuvo lugar en la ciudad asturiana de Gijón el Tsunami Xixón, uno de los grandes festivales de punk-rock del norte de España a cargo de Bring The Noise y colaboradores, misma empresa responsable del veterano Resurrection Fest.  Este verano el festival tuvo como cabezas de cartel a la mítica banda estadounidense de la resurrección del punk The Offspring, encargados de encabezar el viernes como ya hicieron en 2017, -para aquellos despistados que se lo hubiesen perdido- y con su show completo. El sábado, por su parte, estuvo encabezado por una de las bandas de punk más importantes del mundo como es NOFX y por una de las bandas de rock alternativo que más gustan en nuestro país, Kaiser Chiefs. A parte de los cabezas de cartel, el festival contó con grupos de la mayor talla nacional e internacional como son Danko Jones, Pulley, Satanic Surfers, Berri Txarrak, Not Fun At All... Esta crónica se ocupará de cubrir el primer día del festival, el viernes 2 de agosto.  [[{"fid":"237307","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] La jornada en el festival comenzaba con la apertura de puertas a las tres y media de la tarde y el tempranero concierto de los Satanic Surfers. Un show especial en el que los Satanic contarían con Rodrigo a la batería y los vocales, recordando la época dorada de la banda. A pesar de las altas temperaturas y la corta duración del setlist (50min), la banda sueca supo sacar un show muy completo y cañero, presentándonos canciones de su nuevo disco, “Back from Hell”, así como canciones del resto de discos, desde “Hero Of Our Time” a “Taste The Poison”. Uno de los momentos más especiales para mí y para gran parte del público fue cuando la banda toco “Why?”, un clásico de los 2000s que hizo bailar y saltar a todo el mundo. La tarde continuó con The Baboon Show y su carismático show. Sin duda y a pesar de llevar más de 15 años en activo, son uno de los grupos del momento que nadie debería perderse. A parte de la calidad musical de todo su repertorio, desprenden una energía increíble que mantuvo enchufado al público de principio a fin, especialmente cuando sonaron sus mayores éxitos como son “Radio Rebelde”, de su último disco, o temas de discos anteriores como “You Got a Problem Without Knowing It” o  “Me, Myself and I”.  [[{"fid":"237301","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Tras un concierto tan divertido y con tanta energía, era difícil mantener ese nivel y más para Carolina Durante, el grupo peor recibido cuando aparecieron en el cartel. Sin embargo, Diego, Mario, Martin y Juan supieron defenderse muy bien sobre el escenario y finalmente tuvieron buena acogida. Sí hay que destacar que quizás había menos público que en el concierto anterior y que hubo algún pequeño problema de sonido; sin embargo, finalmente consiguieron dar un show muy entretenido y dejaron satisfecho a su público. Tocaron todos sus éxitos, tanto los singles “Cayetano” y “Perdona” como el resto de canciones de su primer álbum homónimo.  [[{"fid":"237302","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] A continuación, en el segundo escenario ubicado en una cancha de baloncesto y repleto de gente, fue el turno de los vascos Willis Drummond, que dieron un concierto muy cañero. Este grupo era desconocido para mí, pero me gustó mucho y os lo recomiendo a todos: un gran grupo a tener en cuenta. Qué decir de Pulley, concierto correctísimo con el público muy enchufado; no hay mucho más que añadir; si preguntas la opinión de muchos de los asistentes te dirán que fue el mejor bolo junto a Danko Jones y The Offspring. Llegaba el atardecer y con él Toundra, en el segundo escenario. La banda más famosa del país actualmente en cuanto a rock instrumental no defrauda. En mi caso era la tercera vez que los veía y su directo sigue siendo una maravilla, la calidad de cada miembro de la banda es inmensa. Destacar que Toundra se merecía tocar en el mainstage, ya que el segundo escenario se les quedaba muy pequeño, la gente apenas entraba y el grupo tiene la autoridad suficiente para tocar en el primer escenario. Y llegó el que para mí fue el mejor bolo del día y puede que del festival, Danko Jones. Tanto la energía de Danko y su grupo como su puesta en directo son brutales. A todos los que os guste la buena música, os recomiendo disfrutar de un concierto de Danko Jones: buen sonido, divertido, en resumen, el mejor concierto del día. Hubo momentos superdivertidos en el concierto que les permitieron ganarse aún más el cariño del público; ejemplo de ello fueron la canción “Dance Dance Dance” o el momento en el que Danko Jones pidió que a él le llamasen Dan Kojones.  [[{"fid":"237303","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"3":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"3"}}]] A continuación fue el turno de Dexter Holland y su legendaria banda, The Offspring. El recinto, como era de esperar, estaba lleno casi por completo, incluso generándose cierto agobio por las aglomeraciones de gente en las primeras filas. A pesar de que el grupo pasó por Gijón hace dos años, mucha gente se quedó sin verlos en el momento o, los que pudieron verles, quisieron repetir la experiencia de ver en directo a la banda que ha marcado la adolescencia de tanta gente con todos sus hits.   [[{"fid":"237304","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"4":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"4"}}]] El grupo salió al escenario con 15 minutos de retraso respecto a la hora prevista, pero en cuanto salieron comenzó la fiesta. Y es que te pueden gustar más o menos pero nadie puede negar que, aunque te parezca que tienen mal directo (no es mi caso), la cantidad de temazos que tienen es incalculable. Y el repertorio del concierto se basó en un repaso por todos ellos, desde “Americana” a “Why Dont You Get a Job?” pasando por “Pretty Fly" y “The Kids Arent Alright”; incluso se marcaron una versión de piano y rodeados de velas de “Gone Away”. Y para terminar el concierto, cómo no, sus dos hits más famosos, que levantaron a todo el mundo, “You re Gonna Go Far, Kid” y el grandioso “Self Esteem”. En cuanto a la actitud del grupo fue espectacular; era la tercera vez que veía a The Offspring y nunca los había visto tan enchufados y conectados con el público. Que dijesen que era el mejor concierto de sus vidas, sea verdad o mentira, les ayudó mucho a ganarse a todo el público.   Sin duda ha sido un día muy completo en el que los vencedores han sido el público y la música. Como desaciertos reseñables, algún problema de sonido en los primeros conciertos de la tarde y la gran falta de foodtrucks, que convirtió el festival en un infierno para los hambrientos, con la gente en colas de 2 horas para conseguir pedir y recoger. Sin duda, un punto a mejorar.   En cuanto al resto del festival, vemos que se está consolidando como una de las grandes citas de nuestro país, y se nota que este festival va a ir a más en cuanto a fama y presupuesto. ¿Qué nos deparará el Tsunami 2020? Aún no lo sabemos, lo que deseamos es que cumplan nuestros deseos y traigan a bandas como Sum 41 o Rancid, las más pedidas por el público en la actualidad.   Esta ha sido mi experiencia, paz y a rockear.   Texto: Alex Teiga Fotos: Tsunami Xixón
    13/08/2019
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  • Crónicas
    Soy parco en palabras, pero la hospitalidad de los viveirenses me anima a charlar con ellos cuando entro en algún restaurante a comer, en el taxi, en el hotel... y así, de paso, me entero de cómo viven ellos los cuatro días que dura el Resurrection Fest. Hay respuestas de todo tipo, pero ninguna negativa: "tenía que haber un Resu cada tres o cuatro meses", "la gente que viene a este festival no buscar follón, simplemente le gusta la música", "lo único que no me gusta es que me lo pierdo porque tengo que trabajar". Si a esta calurosa acogida se le suma el característico buen rollo del festival y un cartel con casi un centenar de grupos que prácticamente abarcan todo el árbol genealógico del metal, el rock y el hardcore, resulta fácil deducir por qué en 2019 el festival se ha vuelto a poner las botas en lo que a asistencia se refiere.  El Resu comenzó para nosotros el JUEVES con los franceses Gojira, que pueden presumir como pocos de tener una capacidad sobresaliente para llevar el metal extremo un paso más allá. A pesar de que el sonido del show no alcanzó la excelencia -ni mucho menos- consiguieron tocarme hondo con la fantástica "Oroburus", extraída del disco The Way of All Flesh y que sirvió como arranque del concierto. También lo hicieron "L'Enfant Sauvage", procedente del disco del mismo nombre y la potentísima "Silvera", de su más reciente trabajo Magma. Una vez finalizado el show, Joe Duplantier, vocalista y guitarra del grupo, quiso despedirse de su público surfeando -literalmente- sobre las cabezas de los que estaban en las primeras filas. Para repetir. Sin apenas darnos tiempo a recorrer los escasos metros que hay del Main Stage al Ritual Stage, comenzaron a sonar las primeras notas de la intro de Vortex, el último disco de Toundra. En este nuevo trabajo prescinden por primera vez de los números romanos correlativos y se decantan por el nombre de una sala alemana a la que, al parecer, tienen especial cariño. Musicalmente es una gozada, e incluye temas excepcionales como "Cobra" y  "Cruce Oeste" -esta última de un lirismo que pone los pelos de punta- que para disfrute de todos incluyeron en el setlist. ¿Pegas? Lo poco que te deja disfrutar la hora escasa que tuvieron para tocar y el sonido, que fue un pelín regulero y dificultó el poder meterme de lleno en su intenso e hipnótico post rock.  Mientra esperábamos el comienzo del concierto de Slayer, lo que hasta entonces había sido una lluvia ligeramente molesta se convirtió en una tormenta eléctrica de dimensiones importantes. Pasaban los minutos, la banda no salía a escena y empezaron a surgir los comentarios sobre una posible cancelación y la peligrosidad que suponen -también para el público- este tipo de fenómenos meteorológicos. Seguimos esperando y la lluvia molesta se convirtió en torrencial, lo que hizo que corriéramos en busca de refugio a la sala de prensa. La cosa pintaba mal, pero por fortuna para todos la tormenta comenzó a amainar y la organización del festival anunció a través de las pantallas del Main Stage que en breve se retomarían los conciertos.  El show de Slayer comenzó aproximadamente con una hora de retraso, pero pronto nos dimos cuenta de que la espera y la mojadura habían merecido la pena. Arrancaron el concierto con "Repentless", tema que abre su último disco y cuya mala hostia sirvió a la perfección para entrar en calor a base de headbanging y circle pits. Le siguieron -y cito mis favoritas- "World Painted Blood", "War Ensemble", "Disciple", "Mandatory Suicide", "Seasons in the Abyss"... todo ello en un escenario con luces de un predominante color rojizo, unas llamaradas espectaculares y unos rayos, que puntualmente aún aparecían en el cielo, que hacían parecer que estuvieran tocando en el mismísimo infierno. Sin apenas darnos respiro, acometieron con "Hell Awaits", "South of Heaven", "Raining Blood", "Angel of Death"... Una vez finalizado el concierto nos preguntamos cómo puede ser que un grupo en semejante estado de forma se separe. ¿Será cierto o esta gira de despedida será un "me voy, pero vuelvo"? Da para debate pero, ni es el momento, ni esta crónica es lugar.  A continuación decidimos que iba siendo hora de comer algo, así que nos dirigimos al Pandemonium para así, de paso, echar un vistazo. No notamos apenas cambios con respecto a años anteriores: barra, asientos, una zona alta desde donde ver los conciertos, wc, un mini restaurante... Todo genial si no fuera porque la masificación empieza a pedir una ampliación a gritos.  Una vez terminado el bocata, decidimos subir a la zona elevada y así coger sitio para ver a Parkway Drive. Lo primero a destacar es la curiosa puesta en escena de la banda, que se adentró entre el público escoltada por un séquito de personas envueltas en túnica negras para acceder al escenario. Comenzó el concierto y desde las primeras notas la banda se definió a sí misma con un metalcore cañero y elegante, envuelto en un sin fin de luces y destellos pirotécnicos. La respuesta del público fue brutal, desviviéndose en corear tema tras tema y alcanzando el paroxismo musical con "Pray", "Absolute Power" y, sobre todo, con "Wild Eyes", que convirtió el Main Stage en una fiesta total. También me gustó mucho la escenificación e interpretación por parte de McCall de "Cemetery Bloom", que recordaba ligeramente a Till Lindermann de Rammstein. En definitiva, concierto redondo de los australianos, que se presentaron como firmes candidatos a sustituir en la cabeceras de los carteles a las bandas que se jubilan y a las que se resisten a ello. Acto seguido comenzaba el show de Batushka en el Ritual Stage. Una teatralización oscura y muy característica del black metal mostraba a varios monjes envueltos en túnicas negras encendiendo, muy lentamente, a modo de ritual, las decenas de velas que portaban unos candelabros. En ese intervalo de tiempo se me vino a la cabeza la batalla legal en la que se ha visto envuelta la banda en los últimos meses, y que lo que íbamos a ver a continuación ya no eran los Batushka de Litourgiya. El show se centró exclusivamente en Hospodi, un nuevo trabajo que echa en falta las composiciones del fundamental Kris Drabilowski, pero que aún así contiene muchos aspectos interesantes. Desgraciadamente, el sonido dejó mucho que desear y la voz de Krysiuk apenas sí se apreciaba. Diría que lo más destacado del show fue la teatralización de la puesta en escena, y las poderosas "Dziewiatyj Czas" y "Powieczerje", en lo que se refiere a la parte musical. Comenzamos el VIERNES con The Black Panthys Party, sin duda el grupo más divertido de cuantos actuaron en esta XIV edición del Resu. La banda quiso aparecer en escena con caretas y fundas blancas pintadas de rosa en clara parodia a Slipknot, cabezas de cartel de la jornada, advirtiendo que del autobús de las estrellas norteamericanas habían visto bajar a un grupo de chinos; que nunca se sabe quién puede haber detrás de la máscara. Fue entonces cuando empezaron a dar cera a diestro y siniestro a Rajoy, a la familia real, a los no creyentes que se casan por la iglesia, a Íñigo Errejón... en el lenguaje que mejor saben hablar: el hardcore/punk directo y sin complejos. Como en todos sus conciertos, su frontman -¿o debería decir showman?- volvió a ser parte fundamental del show, interactuando constantemente con el público y organizando desternillantes variantes de los clásicos circle pit y wall of death. ¿Por qué correr y saltar todos en círculo cuando se puede hacer un corro de la patata? ¿No es más divertido organizar un wall of pez, haciendo que el respetable se arrastre por el suelo como si de peces fuera del agua se tratase? Como colofón final y al grito por parte del vocalista de "¡dejadlos pasar, aquí mando yo!", el personal de seguridad permitió que el escenario se viera invadido por un público contagiado por la diversión y el buen rollo del grupo. Imprescindibles. Dejamos el Chaos Stage para hacer nuestra primera visita al imprescindible Desert Stage, donde Santo Rostro comenzaban su actuación. Nacidos en Jaén en 2013, la banda se decanta por un sonido muy potente de claras influencias doom y stoner. Su discografía es altamente recomendable y poco o nada tienen que envidiar temas como "One Small Victory" o "Blood Run", que interpretaron estupendamente bien, de hits de bandas extranjeras mucho más reconocidas. Dejando claras las influencias antes mencionadas, el grupo quiso interpretar el cover de Pentagram "Forever My Queen" con Javi, vocalista de Cabeza de Caballo.  Si tuviera que poner una pega diría que la voz de Gámez pierde un poco llevada al directo. Por lo demás fetén. Cuando llegamos al Main Stage Trivium calentaban los ánimos del público con "The Sin and the Sentence", tema que da nombre a su último álbum. La banda se mostraba muy contundente, desequilibrando la balanza de metal y core claramente en favor del metal. Matt Heafy, guitarra y vocalista, se mostró afable y comunicativo en todo momento y quiso aprovechar que el día antes habían tocado en el VOA Heavy Rock Festival para "picarnos" y que compitiéramos con los portugueses por el título de mejor público del mundo en el arranque de la contundente y clásica "Like Light to the Flies". Para el final quedaron "The Heart From Your Hate" e "In Waves", que levantaron pasiones entre los fans dejando afónico a más de uno.  La altísima asistencia al concierto de Arch Enemy, que sumó más público que en la pasada edición, dio la razón a la dirección del Resu, que había recibido duras críticas a través de las redes sociales por fichar a la banda sueca por segundo año consecutivo. "The World Is Yours" y "The Race", singles de Wild To Power, su último trabajo -no confundir con el disco de versiones recientemente editado- se intercalaron en el comienzo del concierto con la celebradísima "War Eternal" y "My Apocalypse". Las comparaciones con Angela Gossow siguen siendo inevitables, sobre todo cuando suenan temas antiguos, pero no se puede negar que Alissa brilla con luz propia y ha conseguido llevar al grupo a un nivel más alto de popularidad. Excelente también el combo que forman las guitarras de Michael Amott y el virtuoso Jeff Loomis, que puede presumir de tener una técnica soberbia. De la parte final me quedo con "As The Pages Burn" y la ya clásica "Nemesis", que desató la locura de los fans. Mención especial merece Álex, el ya célebre chico con parálisis cerebral, que llegó hasta la valla con su silla de ruedas en un crowd surfing inédito. No me gusta Slipknot, así que aproveché que el grueso del público estaba en el Main Stage para ir a comer algo. Como en años anteriores, la oferta culinaria era amplísima y para todos los gustos: pizza, hamburguesa, patatas, perritos, comida asiática, mexicana, vegana...  Ya con el estómago lleno, me dirigí al Desert Stage para ver a Radio Moscow que, ante un mínimo grupo de personas, hicieron uno de los mejores conciertos que pude ver en el festival. Procedentes de Iowa, dieron una lección a los allí presentes de blues/hard rock psicodélico de largos solos, desarrollos complejos y ese regustillo setentero tan molón. A todo esto hay que sumarle un sonido perfecto y una actitud sobre las tablas que me tuvo con la boca abierta la hora que duró el concierto. Para mí, sin duda, la sorpresa del festival. El telón de fondo en el Ritual Stage con la condesa Bathory dándose un baño de sangre me hizo presentir lo que estaba por llegar. En los 90 fui un gran fan de Cradle of Filth y sus primeros discos -donde pesaba más el sonido extremo que la parte gótica -me parecen realmente buenos. Efectivamente, arrancaron con "Thirteen Autumns and a Widow", "Cruelty Brought Thee Orchids" y "Beneath The Howling Stars", las tres del que para mi es su último gran disco: Cruelty & The Beast. De aquella formación clásica solo queda Dani, pero lo cierto es que no eché de menos a nadie. Los músicos actuales encajan perfectamente en el concepto de la banda, destacando especialmente a Lindsay Schoolcraft en la parte vocal y los teclados. "Malice Through the Looking Glass", con un Dani pletórico, me hizo viajar 25 años en el tiempo hasta aquel maravilloso Dusk & Her Embrace, que sabe dios cuantas veces pude escuchar en su día. Aunque, posiblemente, la canción más celebrada fue "Nymphetamine (Fix)", uno de sus temas más conocidos por el gran público. Reconozco que después de perderles la pista durante más de dos décadas su concierto en el Resu ha conseguido que me haya vuelto a enganchar a los británicos.   La jornada del SÁBADO la empezamos en el Main Stage con una de las leyendas más reconocidas del thrash metal mundial: Testament. Después de cinco años, los californianos regresaron al Resurrection Fest con un show bueno en setlist, pero algo defectuoso en sonido. El concierto arrancó con las potentes "The Pale King" y "Brotherhood of the Snake", procendentes ambas de su último disco. El buen rollo, la cercanía de Chuck Billie y lo coreable que resulta "More Than Meets the Eye" animó a un público, considerablemente mayor que en los días anteriores, a venirse arriba cantando y participando en los pogos que fueran necesarios. Más éxito aún tuvieron "Into The Pit" y "Over The Wall", dos de esos clásicos imperecederos de la banda que hacen agitar las melenas y que nunca pueden faltar en sus directos. Esperemos que vuelvan pronto.  Mis prejuicios hacia el power metal hicieron que estuviera a punto de perderme el concierto de Vhäldemar. Y hubiera sido un error terrible porque este quinteto formado en Baracaldo a finales de los 90 rebosa actitud, fuerza, ganas, autenticidad... y son jodidamente buenos.  Su vocalista, Carlos Escudero, se desgañitaba en todos los temas con una actitud metalera desbordante y un "a muerte" que no dejó de repetir en todo el concierto. Me gustaron mucho también los matices que aportan los teclados, la potente base rítmica y, sobre todo, el virtuosismo de Pedro J. Monge con la guitarra. Si hubieran nacido en Alemania seguramente serían reconocidos a nivel mundial, pero en España ya se sabe. Un Main Stage decorado con un telón con el logo de Lamb Of God y multitud de simbología en blanco y negro relacionada con la bandera estadounidense, fue el atrezzo que anunció el inminente concierto de los actuales reyes del groove metal. "Quien se remite a la ley en contra de su prójimo es un tonto o un cobarde. Quien no puede cuidar de sí mismo sin esa ley es ambos a la vez..." El speech inicial de "Omerta" sirvió también como intro para el inicio de la estampida sonora de los norteamericanos, que continuaron con "Ruin", "Walk Whith Me In Hell" y "Now You've Got Something To Die For", a lo que una audiencia enloquecida respondió con los botes y los circle pits exigidos por Randy Blyte. El vocalista no se quedó atrás y permaneció muy activo en todo momento, moviéndose por el escenario, saltando y haciendo headbanging. Entre mis favoritas de la recta final del show estuvieron "Blacken the Cursed Sun" y "Laid to Rest". Espectacular la despedida con "Redneck", para la que se formaron una multitud de circle pits dispuestos de forma que vistos desde arriba se debieron asemejar bastante a unos aros olímpicos. Sin duda los reyes de la jornada. De vuelta en el Desert Stage, nos dispusimos a una buena ración de rock con los suecos Troubled Horse. A pesar de que su procedencia hace que casi instintivamente los relacionemos con bandas de la misma nacionalidad y de corte setentero como Graveyard, no se puede negar que tienen un estilo propio que los diferencia del resto. "My Shit's Fucked Up", por ejemplo, es una versión del cantautor norteamericano Warren Zevon de corte country, que llevada al directo es una delicia. "Let Bastards Know", incluida también en su segundo álbum recuerda ligeramente a sus paisanos Spiders. Pero si tuviera que elegir, me quedaría, sin duda alguna, con "Which Way to the Mob" y "Another Mans Name", que poseen unos rifs y unas melodias que se te quedan grabadas a fuego. Prohibido perderles la pista. Sin movernos del sitio, nos quedamos a la espera del comienzo del concierto de Miss Lava. Este cuarteto portugués, aunque enmarcado en el stoner, dejó claro a los allí congregados que también gustan de experimentar con otros sonidos. Por ejemplo, en el arranque, pudimos disfrutar con "Don't Tell a Soul", incluida en su primer disco y que en cierta manera recuerda a Clutch. "I'm The Asteroid", de corte más alternativo y psicodélico también recibió una gran respuesta. "Black Rainbow", que presentando esos sonidos graves propios del stoner juega a la vez con el rock más convencional, también resultó muy atractiva llevada al directo. En la parte final del concierto y con el público ya en el bolsillo, el vocalista Johnny Lee hizo que todos coreáramos el estribillo de "Catch The Fire", tema más hard rockero con el que dijimos adiós a Miss Lava y al Desert Stage hasta el año que viene. Llegamos de nuevo al Main Stage justo cuando comenzaba la actuación de King Diamond. El escenario presentaba tres alturas con sendas escaleras laterales y varias puertas en la parte baja. El conjunto representaba lo que podía parecer una casa sacada de una película de terror, y sirvió a la perfección para la representación teatral que acompañaba a las canciones del danés. Diamond apareció en escena recostado en una camilla empujada por un personaje encapuchado, mientras se oía la intro de "St. Lucifer's Hospital". En ese momento, aparecen el resto de miembros del grupo y arrancan con "The Candle" y "Voodoo", con una mujer vestida de blanco bailando al son de la música. Vuelve la representación teatral con dos personajes que introducen un ataúd blanco en el escenario con la inscripción "Abigail" en un lateral. De él sacó una muñeca que terminó apuñalando. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras repasaba mentalmente los temas que me gustaría ver interpretados del que es mi álbum favorito de King Diamond. Tocaron entonces "Arrival" para deleite no solo mío, sino de todo el público que la celebró como merece. Le siguió "A Mansion In Darkness", también de Abigail, para rematarnos acto y seguido con "Helloween". Qué gozada, joder. Es cierto que recibe apoyo en las voces de otra cantante, pero para tener 63 años sigue llegando a las notas más altas mejor que bien. Prosiguió con un tema nuevo, muy acertado, que irá incluido en su próximo trabajo. Muy bonito, pero teníamos poco tiempo y yo estaba sediento de más clásicos. Le tocaba el turno a la introducción del álbum Them, “Out from the Asylum”, para proseguir con "Welcome Home” y “The Invisible Guests”, del mismo trabajo. A continuación nos vamos al año 89 para atacar el álbum Conspirancy -me encanta la portada de ese disco- con "Sleepless Nights". Diamond, siempre metido en su diabólico personaje y portando la clásica cruz de huesos que usa como micro, se movía por el escenario, subiendo y bajando las escaleras e interaccionando con la fantasmal figura de la actriz vestida de blanco. Después de "The Lake" nos fuimos a los bises para volver de nuevo con "Burn", “Black Horsemen” y “Something Weird”, que cerró el concierto. Las únicas pegas que puedo poner al show fue su corta duración y el fracaso estrepitoso de público debido, seguramente, a las altas horas en las que se desarrolló el concierto. Completamente agotados y satisfechos, abandonamos el recinto hasta el año que viene.  Long live Resurrection Fest! Texto: Ash Campbell Fotos: Mos
    18/07/2019
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  • Crónicas
    PRIMAVERA SOUND 2019 27 Mayo – 2 Junio, Barcelona. El día que se dio a conocer el cartel de la última edición del Primavera Sound, una ola de indignación corrió como la pólvora por las redes sociales que, como suele ocurrir en estos casos, iba desde los más ocurrentes chascarrillos hasta ataques directos a la dirección del festival. ¿El motivo? Al parecer ésta había herido sensibilidades incluyendo en su programación estilos ajenos al público más tradicional. ¿Trap? ¿Reggaetón? Not on my watch! E incluso había osado dar preeminencia a rutilantes artistas pop de un perfil más mainstream, por así decirlo. ¡Hanna Mo… digo.. Miley Cyrus? ¡Por el amor de dios! Por otra parte, ¿a quién le importa que la mayoría de los nombres fueran totalmente desconocidos para gran parte de esta nueva clase de ofendiditos? Días después de su celebración, se puede asegurar sin temor a equivocación que lo que parecía un arriesgado giro de timón (y digo que parecía puesto que el riesgo siempre ha sido seña de identidad del Primavera Sound) ha dado como resultado un balance que no podría ser más positivo a favor de la dirección del festival. No solo ha sido un completo éxito en cuanto a número de asistentes, que han superado la cifra de los 220.000 en el cómputo global (lo que no derivó en una sensación de masificación gracias a la buena distribución y aprovechamiento de los espacios), sino que también se ha llevado a cabo el necesario rejuvenecimiento de la audiencia, clave en el objetivo de asegurar la supervivencia del modelo dentro de un despiadado mercado que devora proyectos a velocidad de vértigo. También se han podido presenciar destacados espectáculos escénicos (Janelle Monáe, Christine and the Queens…) que hasta ahora, salvo en contadas ocasiones, no eran la norma habitual. Mención aparte merece el apartado de organización y logística dentro del recinto, y es que cuando parecía que era difícil mejorar ciertos aspectos en este sentido, detalles como el césped artificial, que transformaba la zona de los dos escenarios principales antes conocida como Mordor en un agradable entorno más parecido a La Comarca, se sumaron a una cada vez más destacable oferta gastronómica a la altura del buen estado de forma de la ciudad, además de una mayor eficiencia en las barras y la ya consabida buena gestión de limpieza de recinto y lavabos. Unos habituales como Deerhunter fueron los encargados de dar el pistoletazo de salida el lunes en una sala Apolo que se quedó pequeña, en vista de la multitud que no pudo acceder tras completarse el aforo. Los pupilos de Bradford Cox alargaron el idilio que mantienen con el festival y su público con una sesión de noise-rock y psicodelia que fue ganando en intensidad según avanzaba, y en la que entremezclaron algunos de los momentos de pop más refinado de su discografía como la novedosa «What Happens to People» o las ya clásicas «Desire Lines» y «Agoraphobia». Ya el miércoles, durante la jornada gratuita abierta a todos los públicos en el recinto del Fórum, la joven Gabriela Casero brindó la primera sorpresa del festival con su proyecto Mow, presentando los temas de aparente fragilidad y tejidos de electrónica de su debut Woman. Nombre a seguir desde ya. El trío afincado en Barcelona Egosex hizo moverse a los presentes apelando a sus instintos más primitivos con una mezcla de ritmos africanos, electrónica y blues. Tras ellos, la australiana Hatchie sorprendió de inicio con un muestrario de temas indie-pop que, bajo una aparente candidez, ofrecían giros melódicos que hacían pensar en unos aseados Cocteau Twins para las nuevas generaciones, y pese a que pareció perder algo de pegada a mitad de repertorio, el cierre con la destacada «Sure» (que ha sido remezclada por el mismo Robin Guthrie) y la ensoñadora nostalgia que desprende «Stay With Me» dejó un estupendo sabor de boca. Por su parte, Cuco reunió frente al escenario a una fiel legión de seguidores y no era para menos, a tenor de lo visto en un set de impecable sonido, sorprendente para una propuesta que tiene su origen en ese dream pop de dormitorio de baja fidelidad con cadencia hip-hop que últimamente está deparando grandes alegrías (atención a propuestas similares como RICEWINE o Vansire, por citar algunos nombres). La perspectiva de casi una hora de Autotune por parte de Big Red Machine para cerrar la noche suponía un reto solo al alcance de los más valientes del lugar.  [[{"fid":"235294","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Hatchie","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Hatchie","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Hatchie","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Hatchie","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Hatchie","title":"Hatchie","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] La joven Alice Phoebe Lou contagió su entusiasmo a los más madrugadores en la primera jornada propiamente dicha del festival, y pese a su tierna edad, se la vio tremendamente cómoda sobre el escenario en un formato que incluía sección de viento y que derrochó groove a raudales. Por su parte, Soccer Mommy, en su origen el proyecto de dormitorio de la también jovencísima Sophie Allison, ha ido poco a poco mutando en formato de banda indie-rock clásica de perfecto engranaje, mostrando tener bien asimiladas las enseñanzas de combativas damas del rock alternativo americano de los noventa como Tanya Donelly, Juliana Hatfield o Liz Phair en temas irresistibles como «Your Dog» o «Henry». Notable alto para la de Nashville. No tan alto puntuó al día siguiente su compañera de generación, y muy próxima estilísticamente, Lindsay Jordan al frente de sus Snail Mail, pues el ritmo de su set se vio lastrado por algunas interrupciones, y solo temas tan redondos como «Pristine» o «Speaking Terms» de su destacable álbum Lush salieron al rescate de una actuación que parecía zozobrar en sus inicios. Y precisamente cortes tan redondos es lo que parece faltarles a Big Thief para llegar a cumplir las altas expectativas que a menudo generan, pues a pesar de hacer gala de una perfecta técnica y de la energía que derrocha su líder Adrianne Lenker, su indie-rock tan adecuado para las tardes festivaleras no llegó a brillar como hubiera cabido esperar. Todo lo contrario que unos irreverentes y divertidos Bakar que, con la inmediatez punk heredada de aquellos primeros Bloc Party que sacudieron la entrada de siglo («Handful», «Big Dreams»), un cierto aire indie a lo Lightspeed Champion, el aderezo de sonidos hip-hop y pinceladas r’n’b en impecables medios tiempos como «Small Town Girl», se apropiaron del escenario Lotus, plantado en plena playa del Fórum, para mostrarnos a qué suena el norte de Londres en la presentación de Badkid, uno de los debuts más frescos y sorprendentes de la temporada. Tras esto, la bisoñez de una Clairo de camino a convertirse en ídolo de la generación post-millenial supo a poco, si bien como en el caso de su colega Cuco también gozó de un buen sonido y del apoyo de sus fieles seguidores, que corearon destacados himnos como «Pretty Girl». En otra liga juega ya desde hace algún tiempo Courtney Barnett, y la australiana no dudó en demostrarlo sobre las tablas ya desde la inicial «Avant Gardener», uno de sus temas más celebrados, en un enérgico set con actitud garaje-punk centrado en su reciente Tell Me How You Really Feel, y en el que brilló con luz propia la más reposada «Need a Little Time» de reminiscencias a Neil Young. Más irregular resultó la presentación, al fin, de unos clásicos como Guided By Voices por estas tierras. Y es que los de Ohio adolecieron en directo del mismo mal que presentan en su extensa discografía, y que posiblemente sea lo que les haya mantenido en un segundo plano a la sombra de más ilustres compañeros de generación. Siendo de tan prolífica e inagotable producción, fogonazos indie-rock incontestables como «Motor Away» o «Game of Pricks» se ven minimizados entre acercamientos algo menos memorables a un rock progresivo que, en el mejor de los casos, puede hacer recordar a The Who.  [[{"fid":"235295","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Courtney Barnett","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Courtney Barnett","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Courtney Barnett","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Courtney Barnett","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Courtney Barnett","title":"Courtney Barnett","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] Como ya viene siendo habitual en las últimas ediciones, el hip-hop tuvo una destacada presencia en la presente, con Future como oficioso cabeza de cartel de la noche del jueves, tomando el relevo de otras grandes figuras como Kendrick Lamar, Tyler the Creator o A$ap Rocky. Aunque quien realmente pareció despertar más expectación fue un clásico como Nas, que desbordó el escenario Ray-Ban y, flanqueado por una megabanda, ofreció una clase magistral del estilo sin dar tregua desde el medley inicial de «The Message» con la reconversión del clásico de Eurythmics en su personal «Street Dreams», y sacando de seguido la artillería pesada con una infalible «The World is Yours» para allanar el camino en un paseo triunfal. Y junto a estas figuras ya consagradas, también hubo lugar para nuevos nombres que ya están dando batalla. Fue el caso de la joven 070 Shake, quien haciendo buena la previsión de Kanye West, arrasó el escenario con una energía arrolladora y una amplitud de registros vocales portentosa. Y también de IDK, quien con su rima afilada y tampoco falto de energía hizo brincar al puñado de fieles que se agolparon en el coqueto escenario Seat Village en lo que se pudo disfrutar casi como un pase privado. En un tono más pausado, pero con similar verbo incisivo, Kate Tempest volvió a poner el espejo frente a una sociedad occidental en pleno declive, presentando su reciente The Book of Traps and Lessons, en lo que podría ser una apropiada banda sonora para la serie más aterradora de la temporada: Years and Years de la BBC. También de las islas británicas, aunque ya con un registro distinto, llegó Loyle Carner, otro de los nombres llamado a brillar con luz propia. Enfundado en la elástica del Liverpool, el londinense saltó al escenario cuando su equipo comenzaba a encarrilar la consecución de una nueva Champions League, y mostró maneras de una exquisita elegancia, con un formato que incluía bajo y batería, en un set en el que una base que lucía destellos de jazz, soul, r’n’b y funk acompañaba a su recitado de tono lánguido, y en el que además de repescar temas de su extraordinario Yesterday’s Gone como el ya clásico «The Isle of Arran», también presentó su recién estrenado Not Waving, but Drowning, álbum que debería alzarle a lo más alto en los próximos meses.  [[{"fid":"235296","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Nas","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Nas","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Nas","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Nas","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Nas","title":"Nas","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Sons of Kemet en formato XL, es decir, ampliando su formación a cuatro baterías, sacudieron al personal bajo el sol de primera hora de la tarde del viernes con su desenfrenado jazz de raíces afrobeat y dub, aunque seguramente hubieran tenido más impacto en una franja horaria más avanzada. También mostraron matices dub Beak> dentro de su acercamiento al krautrock hipnótico. Los de Geoff Barrow (Portishead) se metieron al público rápidamente en el bolsillo desenfundando en el segundo corte una «Brean Down» que podría ser lo más cercano a un hit que puedan producir y que no desentonaría entre el tracklist de aquel deslumbrante Cold House con el que Hood estuvieron cerca de hacer sombra a unos Radiohead en plena expansión alrededor del 2001. A partir de ahí, todo fue rodado para los británicos. Mientras tanto, en el espacio Your Heineken Stage (en este punto, obviaremos las valoraciones sobre cierto patrocinador principal…), una carpa en cuyo interior se recreaba el clásico pub inglés de mobiliario de madera, un frenético Ken Stringfellow (aunque en su caso el adjetivo es redundante) homenajeó junto a Birkins al David Bowie que se paseó bajo el personaje de Ziggy Stardust en su época más gloriosa. La misma carpa sería testigo de emotivos homenajes similares, tales como los de unos entusiastas Me and the Bees a The Breeders, el virtuosismo de Evripidis and His Tragedies interpretando a The Magnetic Fields, o la traca final de Mujeres para cerrar la última jornada, quienes en la cuestión de ser profeta en su tierra tienen el asunto totalmente bajo control, pues suelen arrastrar con ellos a una legión de fieles seguidores que convierten cada una de sus actuaciones en una auténtica fiesta. En su caso, el destinatario de su tributo eran Los Saicos, aunque sus propios temas intercalados fueron de lo más celebrado, como en el caso del coreado «Un Sentimiento Importante» con visos de himno generacional. Antes de ellos, y mientras el fenómeno Rosalía se daba un baño de multitudes también en su propia tierra, en la otra esquina del recinto los californianos Drab Majesty llevaron a los pocos espectadores que no habían sucumbido ante el fenómeno a un viaje por el espacio y el tiempo, para trasladarlos a la Inglaterra de finales de los 70 e inicios de los 80 y aterrizar en plena explosión new wave, abrazando el ideario de los new romantics a base de sintetizadores, oscuras guitarras, melodías que aprobaría el mismísimo Robert Smith y temas como «Too Soon to Tell» o «39 by Design» que fácilmente podrían colarse en cualquier recopilatorio de aquella época.  [[{"fid":"235297","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Tame Impala ","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Tame Impala ","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Tame Impala ","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Tame Impala ","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Tame Impala ","title":"Tame Impala ","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] La noche del viernes se cerró con una clara orientación hacia la pista de baile desde diferentes perspectivas. Tame Impala debieron defraudar a los fans de su primera etapa dominada por guitarras psicodélicas, pero con su nuevo enfoque hacia un disco-house de aroma a french-touch y cercano a bandas como Phoenix o los Daft Punk más retro resultaron una agradable sorpresa para quienes no tenían muchas expectativas puestas en ellos, todo ello coronado con una «The Less I Know the Better» que puso a bailar a todos los presentes, y que fue un preludio ideal para los posteriores Jungle. El combo londinense volvía a aparecer en el recinto del Fórum con el recuerdo de sus memorables actuaciones del pasado en la memoria y con su reciente album For Ever bajo el brazo, y no decepcionaron a la nutrida audiencia con su festiva recreación de la atmósfera disco y funky reminiscente de la década de los 70 y lugares como el Studio 54, si bien en ciertos momentos dio la impresión de que el público bailaba unos bpms por encima de lo que realmente provenía del escenario. Por su parte, Mura Masa justificó totalmente su condición de joven prodigio y el hecho de que figuras del renombre de A$ap Rocky o Damon Albarn hayan colaborado con él; acompañado de vocalistas, ofreció una destacable sesión que dejó con ganas de más y en la que destacó el muy celebrado «Love$ick». Lástima que tras él, Peggy Gou se diluyera en la indefinición de su sesión, dejando un sabor agridulce en el cierre de la jornada.  [[{"fid":"235298","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Jarvis Cocker","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Jarvis Cocker","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"3":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Jarvis Cocker","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Jarvis Cocker","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Jarvis Cocker","title":"Jarvis Cocker","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"3"}}]] En cuanto a que muchos de los asistentes tradicionales al festival se sintieran desamparados al conocer el cartel de esta edición, es probable que no tuviesen en cuenta que hubo un tiempo, allá por finales del siglo pasado, en el que Suede copaba todas las portadas de la prensa musical, Primal Scream tenían un directo inigualable, Stereolab eran el grupo más cool del planeta, Jarvis Cocker era el epítome de la elegancia, Liz Phair les señalaba el camino a seguir a todas aquellas mujeres con ansias de abrirse paso en un mundo eminentemente masculino (a la vez que le proporcionaba el impulso económico a un sello Matador aún en pañales para poder llegar a convertirse en lo que es hoy en día) y gregarios como Built to Spill comenzaban a labrarse una carrera sólida y coherente a la sombra de ilustres del indie-rock como Pavement o Superchunk. Visto esto, los lamentos podrían parecer cuanto menos injustificados. ¿El resultado? Para asombro de propios y extraños, unos renacidos Suede, liderados por un Brett Anderson que parece haber hecho similares tratos con el diablo que Jagger y Richards, arrasaron desde el primer minuto, luciendo un estado de forma posiblemente por encima de su mejor momento en el pasado, y con un repertorio difícilmente comparable, pues ante un set en el que asoman «We Are the Pigs», «So Young», «Filmstar», «The 2 of Us», una «Life is Golden» que por sí sola justificaría sus nuevas grabaciones, «The Drowners», «She», «Trash», «Animal Nitrate», «The Beautiful Ones» o una «The Wild Ones» en solitario que derritió a mitad del público, poco más es necesario añadir. A su vez, pese a no ser ya el destructor que era aquella formación de Primal Scream que incluía a Kevin Shields de My Bloody Valentine y Mani de The Stone Roses y que aplastaba a la audiencia sin ninguna piedad, los de Bobby Gillespie siguen manteniendo la forma y se sobran para despachar un notable repertorio con la misma actitud de antaño, centrado en esta ocasión en su faceta más stoniana a raíz de la recuperación de las grabaciones originales de Give Out but don’t Give Up, y en el que tampoco faltaron clásicos como «Higher than the Sun» o las más arrolladoras «Kowalski» o «Kill All Hippies», para despedirse con esa eterna «Rocks» que en su momento hubieran firmado Marc Bolan o sus satánicas majestades. Y en un momento en el que la psicodelia en todas sus acepciones lleva un tiempo estando en auge, Stereolab volvieron a los escenarios para reclamar el cetro que les pertenece por derecho propio, y si algún despistado podría albergar alguna duda al respecto, ya en la tercera canción salió a relucir una «French Disko» para acallar cualquier tipo de herejía. El final de concierto con «Ping Pong», «Percolator», «John Cage Bubblegum» y «Lo Boob Oscillator» fue simplemente para enmarcar. En el caso de Liz Phair, es cierto que algunos temas dieron la impresión de no haber envejecido bien, y que quizá sacada de contexto podría resultar difícil valorar su relevancia en su justa medida, pero aún así temas como «Never Said» o la sobresaliente «Fuck and Run» fueron argumentos más que sobrados para poner en relieve a una figura sin la que sería difícil entender el devenir del indie-rock hecho por mujeres en las últimas décadas y su actual buena salud. Built to Spill, por su parte, se enfundaron el mono de trabajo como de costumbre y centrando la actuación en su album Keep it Like a Secret ofrecieron una clase magistral de guitarras indie-rock sobrada de técnica. En cuanto a Jarvis Cocker, digamos que, a falta de las canciones de His 'n' Hers o Different Class, sigue siendo el epítome de la elegancia. Todo apunta a que The New Normal ha llegado para quedarse, abracemos el normalismo. Texto: Sergio Rodríguez Jurado Fotografías: Primavera Sound  
    08/07/2019
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  • Crónicas
    “La música rock la hacen deficientes que cantan letras maliciosas, lascivas. Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar. Yo a esa mierda de música llamada rock and roll no le doy ni cinco años de vida” - Frank Sinatra. The Living End suenan enérgicos en el escenario principal, contribuyendo a calentar la tarde del viernes, ya de por sí muy agradable con el sol aún sobre Mendizabala. Y no puedo evitar la risa floja pensando en las dotes adivinatorias de Sinatra al leer su visionaria frase estampada en mi vaso de cerveza. Simpático guiño del Azkena para celebrar su 18 cumpleaños. Sí, Frank, has oído bien, el Azkena ha cumplido 18 añazos apostando año tras año, clara y nítidamente, por esa mierda de música llamada rock and roll.  [[{"fid":"235135","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Toda una declaración de intenciones por parte del festival vitoriano, más en plena época de mutación y replanteamiento de las programaciones que están experimentando muchos festivales en nuestro país. No es el caso del Azkena, que sigue a lo suyo, trabajando edición tras edición con una propuesta clara dirigida a una audiencia que sabe lo que quiere: un fin de semana de rock. Sin más. No es casualidad que Vitoria se haya convertido en el lugar de peregrinación de miles de rockeros que llegan desde todos los puntos del país al comienzo de cada verano. Como aliciente, el poder disfrutar de dos jornadas de música en directo a cargo de figuras legendarias y  de bandas contemporáneas de las más importantes del momento. Y son ediciones como la de este año las que crean afición, gracias a un cúmulo de factores que nos llevan a concluir que la entrada del Azkena en la edad adulta ha sido un éxito total. Repasemos: El recinto Para empezar, un gran punto a favor es la comodidad de Mendizabala, un lugar que intercala zonas verdes con asfalto que además está muy bien dimensionado para acoger un evento de estas características. Porque en el Azkena hay mucha gente (17000 asistentes el viernes y 19000 el sábado según la organización), pero no hay aglomeraciones, ni grandes colas para comer, beber o ir al wc. Y por supuesto es un lujazo poder ver cualquier concierto sin agobios, con espacio para moverte, y a una distancia muy razonable siempre que quieras. Incluso hay zonas de césped desde las que disfrutar de una visibilidad bastante aceptable de lo que acontece en cualquiera de los tres escenarios de los que consta el festival. A estos tres focos musicales principales hay que sumar el Trashville, esa mezcla de taberna, salón americano y garito de conciertos en el que tienen lugar actuaciones rabiosas para aquellos que buscan disfrutar del rock and roll más orgánico y sudar la camiseta, algo literal teniendo en cuenta el tremendo calor que hay en la sala. El público Donde en otros festivales proliferan influencers, instagramers y demás fauna postureta, el Azkena puede presumir de tener una audiencia fiel y militante que pasa de modas y que asiste cada año al festival con ánimo de divertirse, reunirse con colegas y disfrutar de la música y el buen ambiente que se respira. Resulta llamativo a estas alturas estar en un concierto y no ver un mar de teléfonos móviles levantados alrededor, pero sí, aquí es lo habitual. Está claro que influye la media de edad del personal, bastante alta en comparación con otros festivales, pero se agradece el buen rollo y el ambiente tranquilo, con la gente centrada en la música y pasando de otras historias.  [[{"fid":"235136","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Los cabezas de cartel Al lío. Uno de los grandes alicientes de esta edición ha sido sin duda el tremendo póker de nombres que el festival se sacó de la manga para colocar en lo más alto de su cartel. A saber: Stray Cats, Wilco, The B’52 y The Cult. Cuarteto de nivel y variadito, que no se diga que el rock no es un concepto amplio que da cabida a gran variedad de expresiones musicales. Stray Cats protagonizaron el primer gran concierto del viernes, aún de día. Por su actitud y energía resulta difícil de creer que se encuentren en el tour que conmemora el 40 aniversario de su formación, que precisamente arrancaba en Vitoria. Brian Setzer, Slim Jim Phantom y Lee Rocker, armados respectivamente con su guitarra, percusión y contrabajo, protagonizaron esta tremenda descarga de rock and roll que hizo temblar tupés y flequillos y nos tuvo bailando sin parar durante todo el concierto, bises incluidos. No en vano estamos hablando de los grandes tótems del rockabilly. El que tuvo retuvo.  [[{"fid":"235132","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] También celebrando sus 40 años de carrera, solo unas pocas horas después de los gatos, tomaban el escenario principal The B-52´s, otro de los platos fuertes del festival. La icónica banda de new wave desplegó todo su encanto retro y teatralidad en un show que nos procuró la necesaria dosis de petardeo bailongo, muy adecuado además para sacudirnos el fresquito que empezaba a rascar en Mendizabala. Sonaron temas como “Cosmic Thing”, “Lava”, “Private Idaho”, “Love Shack”, “Planet Claire” o “Rock Lobster”, hitazos atemporales que disfruté doblemente a sabiendas de que era la última oportunidad de ver a los de Athens en vivo en tierras europeas. El sábado llegó el turno de Wilco, banda que cierto sector azkenero pata negra recibía con indiferencia o incluso escepticismo. No en vano, y a pesar de su sonido americano de profundas raíces rockeras, estamos ante un grupo más en la órbita de festis “alternativos” como el Primavera Sound o el Mad Cool. Tweedy y compañía se marcaron un concierto técnicamente perfecto, en el que exhibieron sus múltiples recursos sonoros tocando temas de toda su carrera, en una progresión que intercaló momentos perfectamente armónicos y melodiosos con los desvaríos instrumentales marca de la casa. En lo personal, disfruté a saco con “I'll Fight”, “California Stars”, “I’m The Man Who Loves You”, y, sobre todo, con esa versionaca de “Impossible Germany” que me llevo como momentazo musical del festival. Show redondo que les valió el más que merecido respeto del público del Azkena.  [[{"fid":"235134","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Por su parte, The Cult se subían al escenario el sábado por la noche para firmar su tercera actuación en el Azkena, esta vez para repasar su mítico disco “Sonic Temple”, 30 años después de su lanzamiento. Una actuación algo irregular por algunos problemas con el micro del señor Ian Astbury, nuestro particular Tambourine Man, que se despachó a gusto lanzando al público su colección de panderetas. Un concierto un poco desdibujado, sobre todo teniendo en cuenta el buen sabor de boca que nos dejaron en su paso por Medizabala tan solo dos años antes. Pero todo se olvida cuando en la guitarra de Billy Duffy suena en temas como "Fire Woman", "Sweet Soul Sister", "Edie (Ciao baby") o "New York City", rematando en los bises con "Wildflower", "Rain" y "Love Removal Machine". …y más conciertazos Entre las grandes actuaciones de la edición es de justicia destacar la que se marcaron Tesla el sábado por la tarde. La banda ochentera de hard rock retornaba a España tras más de una década sin pisar nuestro país, un regreso muy esperado que se plasmó en un show muy cálido y buenrrollista, con el público totalmente a favor y la banda respondiendo de igual manera. Un concierto de esos en los que te crees los mensaje tipo “sois el mejor público del tour” que en este caso llegó por parte del bajista Brian Wheat. “Love is gonna find the waaaaaay”, coreamos en respuesta acompañando a un Jeff Keith que mantiene su pose de gran estrella del rock, carismático y solvente. Joder, qué bonito.  [[{"fid":"235133","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Otros que salieron por la puerta grande fueron los Blackberry Smoke, una de las grandes realidades del rock actual, gracias a un show vibrante e intenso que condensó toda la magia del southern rock y que por momentos me hizo olvidar que nunca he visto a los Black Crowes en directo. El quinteto de Atlanta se postula como gran abanderado de este género, recogiendo merecidamente el testigo de clásicos como Lynyrd Skynyrd o los Allman Brothers. Las sorpresas La sorpresa más agradable de este Azkena tiene como protagonistas a Lucero. Su country rock cumple con las características clásicas del estilo, como la estética y la voz nasal, y a la vez añade cierto aire de modernidad, utilizando una fórmula que recuerda a los primeros Band of Horses o a los Avett Brothers. Predominan en su set list canciones lentas e intimistas, llenas de melodías pegadizas que intercalan con algunas más bailables. Música, sonido y actitud de 10. Prohibido perderles la pista. Entre las sorpresas negativas, por desgracia, destaca el proyecto de Phil Anselmo, que resultó ser el concierto más decepcionante del festival. Tras la muerte de Vinnie Paul Abbott, las esperanzas de la cacareada reunión de Pantera con Zakk Wilde se fueron al traste, pero este proyecto permitía al menos escuchar por boca de Anselmo todos esos clásicos que volaron muchas cabezas allá por los años 90. Unos graves tremendamente saturados hicieron que el sonido fuera casi ininteligible, a lo que hay que sumar que la voz de Anselmo ha visto días mejores. Eso sí, el setlist envidiable: “Mouth for War”, “Becoming”, “I'm Broken”,” This Love”, “Walk”, “Fucking Hostile”, “Hellbound”, “A New Level”...Una lástima. También esperaba más de Deadland Ritual, el supergrupo liderado por Geezer Butler (Black Sabbath), con Matt Sorum (GN'R, The Cult), Steve Stevens (Billy Idol) y Frankie Perez (Apocalyptica). En su setlist intercalaron temas de Black Sabbath como “Symptom of the Universe” o “Neon Knights” con los propios del grupo. Estos últimos, con cierto aire noventero, me resultaron totalmente convencionales y carentes de gancho.  [[{"fid":"235131","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":false,"field_file_image_title_text[und][0][value]":false,"external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Azkena de día La experiencia azkenera completa requiere acercarse al mediodía a la Plaza de la Virgen Blanca, en pleno casco antiguo de la preciosa ciudad de Vitoria, donde, como no, la música en directo también hace acto de presencia. El sábado estaban sobre el escenario Danny & The Champions of The World, en una jornada de calor bajo un sol abrasador, que combatimos refugiándonos en los bares de la zona, atraídos por las kilométricas barras de pinchos, que, como corresponde, regamos con txacolí. En resumen, una gran edición del Azkena de la que hemos disfrutado a tope. Y la organización no ha esperado para empezar a poner sobre la mesa argumentos de peso para que pases página y comiences a pensar en el año que viene. Por el momento, ya ha caído un avance de lo más jugoso: Social Distortion y Fu Manchu son los dos primeros integrantes del cartel del 2020. ¿Volvemos? Texto: K. Txela Fotos: K. Txela, Azkena Rock Festival
    03/07/2019
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  • Crónicas
    Si hay un festival al que el nombre le viene como anillo al dedo ese es el Paraíso, tanto por organización como por propuesta artística. Otra cosa es que dicha propuesta responda a las expectativas, pero de eso nos ocuparemos después. En lo que respecta a la organización poco o nada que reprochar, al contrario. El evidente aumento de asistentes no supuso problema alguno a la hora de pedir (un año más nuestro reconocimiento a las camareras y camareros: encantadores) ni al ir al wc, con tiempos de espera perfectamente razonables a pesar del uso “lúdico” que algunos hacen de los retretes en este tipo de eventos. También cabe destacar los esfuerzos que se dedicaron a mantener el recinto sin basura, con una amplia plantilla de trabajadores recogiéndola constantemente. Si acaso, le ponemos un punto negativo a que no te devuelvan el dinero sobrante cargado en las pulseras al momento. Si lo quieres recuperar, debes hacerlo obligatoriamente online con gastos de gestión incluidos.[[{"fid":"234866","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Asistentes Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Asistentes Paraíso Festival 2019","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"9":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Asistentes Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Asistentes Paraíso Festival 2019","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Asistentes Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","title":"Asistentes Paraíso Festival 2019","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"9"}}]] Otro aspecto a destacar es la escenografía del recinto (el amplio y bien comunicado complejo deportivo de Cantarranas, perteneciente a la Complutense), con los árboles coloreados por una iluminación sutil que al caer la noche y en combinación con las llamadas “Criaturas del paraíso” creaba un ambiente onírico en las diversas y bien surtidas zonas de descanso. Varias instalaciones repartidas por el entorno hacían más agradables y entretenidos los desplazamientos de un escenario a otro. A destacar una llamada “Dancing Wave”, estructura lumínica que con un giro continuo creaba formas hipnóticas y sugerentes. Cómoda también la zona gastronómica, rodeada de balas de paja que la convertían en un oasis de tranquilidad mientras reponías fuerzas. Nosotros lo hicimos los dos días con las magníficas hamburguesas de Karnota Beach Burguer, a los que ya conocíamos de la edición anterior y que nos tienen ganados con su amabilidad y sobre todo buen producto, punto este último que suele flojear en casi todos los festivales. [[{"fid":"234898","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Público Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Público Paraíso Festival 2019","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Público Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Público Paraíso Festival 2019","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Público Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest","title":"Público Paraíso Festival 2019","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Metámonos ya en harina musical. Comenzamos la jornada del viernes en el Escenario Club con Moscoman, dj y productor israelí al que teníamos ganas. Y efectivamente no nos defraudó en absoluto. Selección musical exquisita, técnica sobria y depurada sin florituras innecesarias y perfecto control del tempo con los espectadores, tal y como demuestra la última parte de la sesión en la que encadenó impecablemente un tema tan contundente como “Gilgamesh” de Simple Symmetry con “La mezcla” de Michel Cleis (si me llegan a decir que iba a intentar algo así no lo hubiese creído), a los que siguieron “Loving You” de Lane 8, “Thonk!” de Dave Seaman, un tema propio, “Rubab”, “Scatting” de Don Ricardo García, culminando con el remix que hizo Mousse T de “Sing it Back”, con el que acabamos totalmente rendidos a sus pies. A mencionar el fantástico juego de luces iluminando la cúpula del espacio.[[{"fid":"234888","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Moscoman Paraíso Festival 2019","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Moscoman Paraíso Festival 2019","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Moscoman Paraíso Festival 2019","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Moscoman Paraíso Festival 2019","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Moscoman Paraíso Festival 2019","title":"Moscoman Paraíso Festival 2019","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Cerrone nos esperaba a continuación en el escenario Paraíso para llevarnos a la época de Tony Manero y la música disco con un repertorio en el que no faltaron sus superhits “Give me love”, “Supernature”, “Love in C Minor” o “Je suis music”. El gran pope francés de la música de baile desarrolló un show en el que no faltaron la complicidad con su músico acompañante y con el público, la ocasional pero poderosa voz de Barbara Tucker y su número final a la batería. Chapeau para esta leyenda que sigue muy en forma.[[{"fid":"234857","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Cerrone (Paraíso festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Cerrone - Paraíso Festival 2019","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"3":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Cerrone (Paraíso festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Cerrone - Paraíso Festival 2019","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Cerrone (Paraíso festival 2019 by Fanmusicfest)","title":"Cerrone - Paraíso Festival 2019","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"3"}}]] Hicimos un paréntesis durante el show de Cerrone para ver a Ross From Friends, pero nos resultaron muy monótonos y no consiguieron captar nuestra atención, así que volvimos al escenario principal para ver el final de la actuación del francés y esperar a Polo & Pan. Empezaron animados con su house refinado pero a los pocos temas aquello se volvió un poco mamarrachada, sobre todo por parte de Pan, que se dedicó a hacer de animador más que de músico.[[{"fid":"234858","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019)","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"4":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019)","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","title":"Polo & Pan (Paraíso Festival 2019)","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"4"}}]] La gran decepción de la noche fue Solomun. Y van dos, ya que el año pasado en el Dynamic Festival Amsterdam ya nos resultó aburridísimo con un set de porrompompero  insólito. Esta vez no se dedicó a la zapatilla, pero casi la hubiesemos preferido al techno house mediocre que pinchó. En su descargo hay que decir que el sonido no le acompañó, de hecho acabó petando en algún momento (para desesperación de los técnicos). Y como una retirada a tiempo es una victoria, nos fuimos a recuperar fuerzas para el día siguiente.[[{"fid":"234859","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Solomun (Paraíso Festivl 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Solomun (Paraíso Festival 2019)","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"5":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Solomun (Paraíso Festivl 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Solomun (Paraíso Festival 2019)","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Solomun (Paraíso Festivl 2019 by Fanmusicfest)","title":"Solomun (Paraíso Festival 2019)","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"5"}}]] La principal diferencia que observamos el sábado en el público respecto al viernes fue un aumento en el nivel de postureo, con bastante gente más pendiente del look y el móvil que de la música. Cuando llegamos estaba acabando el número de Channel Tres en el escenario Paraíso con los bajos saturando inmisericordes. Los problemas de sonido en el escenario grande ya se hicieron notar el año pasado y parece que se han repetido este. Nuestro primer objetivo de la jornada era Rhye, que apareció acompañado de una banda de siete miembros. De nuevo los bajos saturando, sobre todo al principio, perjudicando notablemente a unas canciones que necesitan sonar muy limpias para alcanzar la sensualidad de sus discos. Alargaban innecesariamente las canciones volviéndolas tediosas en algún momento y perdiéndose esa clase que caracteriza al músico canadiense.[[{"fid":"234861","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Rhye (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Rhye (Paraíso Festival 2019)","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"6":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Rhye (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Rhye (Paraíso Festival 2019)","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Rhye (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","title":"Rhye (Paraíso Festival 2019)","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"6"}}]] Sintiéndolo mucho nos fuimos a la carpa del escenario Club donde Carista estaba dando una auténtica exhibición de techno elegante gracias a mezclas tan sorprendentes y acertadas como “Rosser” de Steffi & Dexter con “This is America” de Childish Gambino, uno de los momentazos de la sesión. Como también lo fue “Sume Sigh Sey”  de House of Gypsies, con todo el público entregadísimo. Charlotte Gainsbourg se presentó con una atractiva escenografía basada en una especie de marcos blancos luminosos repartidos por el escenario. El efecto era muy espectacular y acompañó muy bien a la francesa, respaldada por guitarra, batería y programación, en un formato mucho más acertado que el propuesto por Rhye. No se anduvo con chiquitas y nos dedicó un set menos pop y mucho más bailable y enérgico de lo que un servidor esperaba. Por ponerle un pequeño pero, le habríamos subido un poco el volumen de su micro para oír mejor su voz.[[{"fid":"234862","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019)","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"7":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019)","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019 by Fanmusicfest)","title":"Charlotte Gainsbourg (Paraíso Festival 2019)","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"7"}}]] Una de las sensaciones del momento nos esperaba en la cúpula del Club, Peggy Gou. Sin embargo, no nos enganchó su habitual comienzo techno, menos vistoso que el de Carista, ni su progresión a estilos más accesibles y escasamente arriesgados. Breve visita al escenario Manifesto para ver a Millos Kaiser (ex-Selvagem) pinchando el clásico de Fernanda Abreu “Space sound to dance” y nos acercamos al nuevo escenario Nido, dedicado a la escena local, dado que en el principal Mount Kimbie tenían problemas técnicos que retrasaron su actuación. Acierto total porque disfrutamos de una muy buena sesión con vinilos de F-on, plena de buen gusto y deep house. Sonaron “The Drum” (de Mr. V), “Chunky” (de Format:B),”Dear Breeze” (de Carola Pisaturo & Anthony), “Unathi” (de Hom), “One of a kind” (de Omar S) entre otros temas muy bien escogidos. Le sustituyó DJF al que por resultar mucho más plano en sus comienzos, no le dimos demasiado recorrido. En este tipo de festivales, hay ventajas como tener una oferta muy amplia donde escoger y desventajas como no poder abarcarlo todo, así que quizá no tuvimos paciencia para ver cómo evolucionaba su sesión. Motor City Drum Ensemble no nos motivaron por previsibles, así que esperamos a que acabase Pional y diese paso a Mano Le Tough, que cerró con una sesión muy bailable adecuada para finalizar el festival en la que destacaron “We merge” (de Dj Motion), “Invöker" (de Chvrches), “12a1” (de Italo Johnson) y “To love you” (de Kink). Antes pasamos por la actuación de Laurent Garnier, del cual me quedo con su proyecto LBS por mucho prestigio que tenga el francés.[[{"fid":"234865","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Paraíso 2019","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Paraíso Festival 2019","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"8":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Paraíso 2019","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Paraíso Festival 2019","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Paraíso 2019","title":"Paraíso Festival 2019","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"8"}}]] Así nos despedimos de la segunda edición del Paraíso Festival, en la que echamos en falta riesgo y atrevimiento por parte de algunos de los nombres más destacados del cartel. En cualquier caso, y arriesgándonos a ser repetitivos, volveremos en futuras ediciones, ya que siempre hay alguna actuación que nos deja boquiabiertos y la organización y su producción es de lo mejorcito que hay en el panorama nacional por lo cómodo que resulta el festival en sí y el buen ambiente que se respira. Texto: Bea Pazos y Enkilking Fotos: Bea Pazos
    28/06/2019
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  • Crónicas
    -¿Te imaginas la edición 300 del L.E.V.? La pregunta me la hacía un amigo en el patio de La Laboral entre conciertos y lo cierto es que resulta complicado imaginar la evolución del arte audiovisual de vanguardia en un periodo tan dilatado. Es más sencillo echar la vista atrás para recordar a los espectadores de los primeros largometrajes de cambio de siglo, haciendo equilibrios mentales entre el horror y la fascinación al contemplar La Llegada del Tren de los hermanos Lumière o el Viaje a la Luna de Georges Méliès en la oscura sala de un café parisino. De forma que no, no imagino el LEV 300, o -puestos a imaginar- el LEV 9000, pero estoy seguro de que el espanto sería similar al de los espectadores de aquellos primeros cortometrajes. Para evitar huidas del teatro y prevenir problemas cardiacos, el Laboratorio de Electrónica Visual de Gijón (este año habrá réplica en Madrid) toma el pulso a la actualidad de vanguardia audiovisual desde hace ya 13 ediciones para ofrecernos una muestra digerible de algunos de los números más destacados en ese campo.  [[{"fid":"232184","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Rafik Anadol","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Rafik Anadol","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Rafik Anadol","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Rafik Anadol","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Rafik Anadol","title":"Rafik Anadol","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Uno de ellos nos aguardaba nada más pisar el patio de La Laboral, concretamente tras las puertas abiertas de su iglesia; hablamos de la instalación del artista audiovisual Refik Anadol, Melting Memories, que muestra en una enorme pantalla esculturas de datos aumentados en constante movimiento que obligan a replantearse qué es lo que uno está viendo: masas gaseosas, líquidas, volcánicas o digitales en un constante y lento proceso de mutación. Por momentos, daba la impresión de que las figuras iban a salirse de la pantalla. En lo musical, pasajes ambient celestiales muy idóneos para el recinto. Por cierto, el éxito de la instalación ha forzado una ampliación de fechas hasta el 14 de mayo. Ya en el teatro, el dúo Schnitt (Marco Monfardini y Amelie Duchow) junto a Gianluca Sibaldi ofrecieron el estreno mundial de Scan Audience, una performance que - algoritmo mediante- escanea al público en tiempo real para crear muestras de sonido a partir del análisis del cuerpo y ropa del espectador. Los presentes fuimos paulatinamente representados en pantalla, cada vez de manera más nítida, mientras la traducción sonora barría a su vez todo el espectro de frecuencias.  [[{"fid":"232179","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"ScanAudience","field_file_image_title_text[und][0][value]":"ScanAudience","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"ScanAudience","field_file_image_title_text[und][0][value]":"ScanAudience","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"ScanAudience","title":"ScanAudience","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Para el siguiente concierto nos encontramos el teatro repleto de humo y un aviso en la pantalla rogando poner los móviles en modo avión. El motivo, evitar interferencias durante Ballistics, la performance audiovisual de Myriam Bleau para péndulos equipados con sensores de movimiento que permiten manipulaciones manuales, oscilaciones, giros y trayectorias de impulso traducidos en distintas frecuencias sonoras. Al igual que Michela Pelusio en la pasada edición, Miriam consiguió hipnotizarnos con algo tan sencillo como el movimiento de objetos en el espacio. Tras el escaneo y los péndulos sonoros, Elias Merino & Tadej Droljc nos introdujeron a la vida extraterrestre con Synspecies: las criaturas en cuestión, unos bicharracos mutantes basados en partículas luchando violenta y ruidosamente (de escándalo los arreones de diseño sonoro) por su espacio en un universo virtual, planeta rojo incluido. Para acabar, Lanark Artefax nos subió a la nave extraterrestre y nos puso delante de un monolito, suerte de puerta astral al infinito con visuales no siempre sincronizados y fogonazos constantes de luz blanca no aptos para epilépticos. En lo sonoro, sacudidas de techno abrasivo entre las que se colaban pinceladas melódicas y grititos (juraría que ese sample vocal recurrente se lo he oído a Aphex Twin). Muy, muy bestia: quiere hacer daño y lo consigue.  [[{"fid":"232180","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lanark Artefax","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lanark Artefax","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Lanark Artefax","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Lanark Artefax","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Lanark Artefax","title":"Lanark Artefax","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] Una vez llegamos a la nave, tuvimos que elegir entre ver la actuación de Matthew Biederman y Pierce Waanecke o hacer cola para activar la recién instaurada pulsera monedero. Elegimos esto último creyendo que la mayor parte del público ya la habría activado y que el proceso duraría unos minutos. Tres cuartos de hora más tarde, aun seguíamos esperando a que nos atendiese un personal eficiente pero del todo insuficiente. Por otro lado, es la primera vez que me cobran un vaso en un festival y no me reintegran el importe al devolverlo, obligándote a llevarlo siempre encima o adquirir varios vasos de recuerdo. Punto negativo. Ya cerveza en mano (exquisita La Salve "edición LEV", punto positivo), pasamos del infierno noise digital (guitarra incluida) de unos Bliss Signal cercanos al post-rock de Explosions in the Sky a la clase de unos Overmono divertidos y poliédricos que nos pusieron a bailar por primera vez en la noche y nos hicieron añorar la electrónica rave e idm de los 90. A propósito, los interludios entre conciertos fueron elegantemente vestidos por estrellas del sello Warp de esa década como Autechre o Boards of Canada. Abandonamos el recinto mientras escuchábamos la electrónica oscura de diseño de una Hiro Kone que se hubiese beneficiado de una programación más temprana: tras la fiesta techno de Overmono, no estaba el cuerpo para propuestas "serias". Comenzamos la jornada del Sábado en el Muséu del Pueblu d’Asturies, un emplazamiento con el encanto de las fiestas de prau, como dicen por allí. Llegamos con Colin Self sobre el escenario, que llevó a cabo una performance con pistas pregrabadas sobre las que cantó, bailó e interpretó como un animador de fiestas algo pasado de vueltas. Canción melódica, disco, dance y ego, mucho ego. Más discreto e interesante resultó el concierto de Jailed Jamie, el nuevo proyecto del asturiano Jaime Tellado (aka Skygaze), que toco mil y un palos: Breakbeat, acid, drum’n’bass, sampledélica y el uso inteligente de efectos para poner al respetable a bailar durante la hora y media de concierto. Igualmente destacar el exquisito servicio de restauración, basado en propuestas veganas: la hamburguesa de remolacha y la tarta de fresa fueron 2 de los triunfadores del día.  [[{"fid":"232181","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Jailed Jamie","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Jailed Jamie","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"3":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Jailed Jamie","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Jailed Jamie","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Jailed Jamie","title":"Jailed Jamie","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"3"}}]] Iniciamos la jornada del teatro con  Transforma: Manufactury, con música de Sascha "Apparat" Ring, mezcla de coreografía, vídeo, grabaciones de campo y concierto para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción en cadena de la era industrial. Musicalmente asistimos al lado más minimalista y experimental de Apparat, mientras que las coreografías resultaron -¿intencionalmente?- monótonas. Espectáculo wtf de la edición. A continuación fue el turno de Caterina Barbieri; la italiana dio todo un recital para arpeggio y patrones melódicos repetitivos, una propuesta arriesgada en su minimalismo a la par que fascinante e hipnótica. Los visuales, a cargo de Ruben Spini, mostraron paisajes panorámicos, carreteras y vuelos que, pese a su belleza estética, no siempre funcionaron. El último concierto del teatro fue el de Alex Augier y la artista visual Alba G. Corral, que estrenaban en exclusiva el proyecto coproducido por LEV ex(O). Musicalmente fue el gran triunfador del día, mostrando una electrónica experimental y futurista de cualidades cinematográficas. Respecto a los visuales, un revolver fotográfico, suerte de cilindro en cuyo interior se encontraban ambos artistas y sobre el que se deslizaron imágenes abstractas y colores chillones.  [[{"fid":"232182","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"ex(O)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"ex(O)","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"4":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"ex(O)","field_file_image_title_text[und][0][value]":"ex(O)","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"ex(O)","title":"ex(O)","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"4"}}]] En plena recta final de este LEV 2019, asistimos en la nave a un concierto de Klara Lewis basado en esculturas ambient y field recordings de gran belleza, drones hipnóticos en mundos submarinos y paisajes nevados y crepusculares. El concierto refrendó la necesidad de que LEV cree un espacio nocturno para escuchas en posición horizontal. A continuación, Robin Fox inundó de láser la nave, creando melodías sincronizadas a la perfección con los rayos: todo un espectáculo futurista, un estudio de la conexión entre el voltaje del sonido y el voltaje del proyector láser. El concierto adelantado de Gazelle Twin repasó de principio a fin su fantástico último álbum, Pastoral. Elizabeth Walling tiene canciones, una increíble voz y una puesta en escena teatral basada en un siniestro bufón del siglo XXI que tan pronto rapea, como toca la flauta o nos imbuye en una algarabía de samples trastornados. Sonó potente y fascinante. Por su parte, Iglooghost nos presentó su  mundo ficticio a modo de videojuego interactivo (la pantalla parecía una tablet) poblado de personajes salidos de la estética manga japonesa y melodías juguetonas sobre un manto de breakbeat digital y acelerado. Como si de un programa televisivo infantil japonés se tratara, el divertidísimo espectáculo contó con la presencia de los personajes de la pantalla, seres gigantes que de tanto en cuanto se paseaban por el escenario para escenificar las partes vocales. Freakada muy disfrutable para finalizar nuestra andadura por este estupendo L.E.V. 2019.  [[{"fid":"232187","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"IglooGhost","field_file_image_title_text[und][0][value]":"IglooGhost","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"1":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"IglooGhost","field_file_image_title_text[und][0][value]":"IglooGhost","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"IglooGhost","title":"IglooGhost","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"1"}}]] Texto: Hedda Fotografías: ©LEVfestival_Elena de la Puente
    12/05/2019
    2.008
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  • Crónicas
    24º Minifestival de Música Independiente 09/02/2019, Espai Jove Les Basses, Barcelona. Desde sus inicios, a mediados de la década de los 90, el Minifestival de Música Independiente de Barcelona ha sabido mantener el tipo en un entorno a menudo hostil con una propuesta coherente y honesta que le ha permitido llegar a su 24ª edición habiéndose ganado el respeto tanto de prensa como de público (de ahí el sold out de la presente edición, si bien la afluencia de público apenas llegaba a cubrir dos tercios del aforo, es de suponer, en aras de la seguridad). Y es que no hay más que echar un vistazo a los nombres que han pasado por sus escenarios en ediciones anteriores para constatar su buen hacer: Luke Haines, The Popguns, Autour de Lucie, Clem Snide, The Close Lobsters, Cranes, Damien Jurado, Damon and Naomi, The Clientele…   En esta ocasión, el plato fuerte y principal reclamo era una Kristin Hersh (ex Throwing Muses y 50 Foot Wave, y pilar del rock alternativo americano de los noventa) de vuelta a la actualidad musical con la publicación del destacado Possible Dust Clouds (Fire Records, 2018), un fogonazo que bien puede escucharse como el reverso tenebroso de aquel celebrado Let England Shake de Pj Harvey. Sin embargo, la bostoniana se presentó en solitario esta vez y, centrando el repertorio en su faceta más acústica e intimista, su cautivadora figura se engrandeció sobre el escenario ayudada por una voz que ha ido ensombreciéndose con los años y que por momentos puede llegar a helar el alma, como en la sobrecogedora «Your Ghost» de su primer álbum en solitario. Triunfo incontestable de una Kristin Hersh a la altura de su historial.  [[{"fid":"225207","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Free cake for every creature","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Free cake for every creature","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"2":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Free cake for every creature","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Free cake for every creature","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Free cake for every creature","title":"Free cake for every creature","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"2"}}]] También brilló a gran altura Free Cake For Every Creature, proyecto lo-fi de Katie P. Benett de sonido genuinamente indie-pop que no hubiera desentonado en absoluto en el catálogo de sellos como K-Records o Sarah Records. Con un sonido limpio y delicado, engalanado en ocasiones con una cálida slide guitar, y temas de melodías embriagadoras como «Around You» o «All You Gotta Be When You’re 23 Is Yourself» se ganaron el favor del público con una facilidad pasmosa, dejando un estupendo sabor de boca y cerrando su última fecha por tierras europeas con una reveladora «Be Home Soon». Por otra parte, no fue necesario acudir al VAR para corroborar que el tercer grupo foráneo de la noche, Night Flowers, había traspasado sobradamente la estrecha línea que separa el sonido de bandas como The Pains of Being Pure at Heart del mainstream en la senda de The Cranberries, y es que pese a despachar un directo bien engrasado presentando su reciente debut Wild Notion (Dirty Bingo Records, 2018), en el que destacaron cortes como «Glow in the Dark» junto a la primeriza «Embers», a duras penas podía uno reprimir la sensación de estar en el baile de fin de curso de una teleserie americana. Los británicos se despidieron de las tablas no sin antes haber pedido disculpas por ese paseo hacia el abismo al que uno más de esos ignorantes populismos que proliferan como setas los está empujando.  [[{"fid":"225209","view_mode":"wysiwyg","fields":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Estruç","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Estruç","external_url":""},"type":"media","field_deltas":{"3":{"format":"wysiwyg","field_file_image_alt_text[und][0][value]":"Estruç","field_file_image_title_text[und][0][value]":"Estruç","external_url":""}},"link_text":false,"attributes":{"alt":"Estruç","title":"Estruç","class":"media-element file-wysiwyg","data-delta":"3"}}]] La jornada había sido inaugurada por Estruç, procedentes de tierras volcánicas del norte de Cataluña y en formato de guitarra, bajo y batería, discurrieron entre el post-rock, los esquemas repetitivos del kraut-rock y ciertos toques de psicodelia pop con la mirada puesta en bandas como Stereolab, para ratificar sobre el escenario las buenas sensaciones que había dejado su debut Peça Fugaç (Indian Runners / El Mamut Traçut, 2018). Unas omnipresentes y desubicadas Cariño (seguramente encontraron mayor sintonía en la cita que tuvieron esa misma tarde en otro evento en la ciudad) fueron las encargadas de cerrar la noche. Texto: Sergio Rodríguez Fotografías: Maia Figueroa  
    17/02/2019
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