4 jornadas consecutivas, 26 artistas/bandas y una buena cantidad de momentos musicales excelsos los disfrutados en una cita como es el AMFest, de la que los asistentes somos testigos de un crecimiento moderado paulatinamente año a año. En esta edición hemos vivido conciertos que justifican el peso de nombres de primera línea tan potentes como Alcest, Deafheaven o Touché Amoré y, además, empezado a sumergirnos en universos sonoros tan especiales como las propuestas de Sara Fontán, Ainara Legardon o Falç de Metzinera.

Jueves 10/10/19
El día de comienzo del festival era toda una declaración de intenciones de la evolución musical que ha vivido musicalmente un evento que ha sabido crecer y transformarse hacia cotas sonoras más allá de su esencia instrumental y post-. Era el turno de Foscor y Daughters o lo que es lo mismo, el black ambiental de los catalanes y la trituradora industrial/noise/hardcore de los norteamericanos. Habría que recuperar aquello de que los árboles no os impidan ver el bosque en base a que muchos asistentes resumirán ambas actuaciones por el continente visual de sus frontman respectivos y no por el contenido musical. En el caso de Fiar de Foscor, iba ataviado con una especie de velo negro y sus aspavientos casi de ritual acompañaron una actuación centrada en sus dos últimas obras más atmosféricas. De menos a más, es una banda a la que se le nota que hacía tiempo que no tocaban en directo, especialmente a su cantante, que no estuvo del todo atinado, y cuyos mejores momentos vinieron en los tramos que miraban más a su pasado blacker en temas como De Marges i Matinades y Espectres al Cau. Del material nuevo la final Cel Rogent.
Lo de Daughters ya se veía venir, con un Alexis S. F. Marshall que hace todo lo posible para que no le quites ojo con su exorcismo de demonios a base de microfonazo limpio a la frente o de continuos golpes con el mismo por todo su cuerpo. De un impoluto outfit a terminar a pecho descubierto, frente herida y correa en cuello cual autoasfixia. Más allá de su habitual performance, hay que destacar una banda a lo suyo y capaz de crear cacofonías tensas y rabiosas. Setlist muy basado en su aclamado disco del 2018 y con un final apoteósico en el que soltaron una excelsa Guest House y una no menos impactante Ocean Song que aún retumba en nuestros tímpanos. La apertura de miras también era esto.

Viernes 11/10/19
Era a priori para servidor la jornada más completa del programa, una sensación que se confirmó tras salir exultante de la Fabra i Coats tras más de 9 horas en el recinto. Desde la hora de la siesta y con la digestión aún en proceso, nos presentamos a recuperar parte de la esencia del festival con dos combos como Lume! y Tides of Man. Los catalanes, primero, dieron un concierto sólido y con alguna sorpresa cortesía de algún tema apoyados por voz. Los temas de su disco Volchanus sonaron como mandan los cánones del género instrumental. A continuación, hubo ocasión de disfrutar de otro concierto del buen manual del instrumental de la mano de Tides of Man. Los de Florida, en su primer paso por aquí, dejaron muy buen sabor de boca, tejiendo capas instrumentales estimulantes y melódicas.

El primer paso por el escenario 3 -dentro del recinto Espai D’Art, al que se limitaba aforo y no acceso de líquidos y alimentos- vino de la mano de una propuesta escénica tan particular como la que presentan Falç de Metzinera. Dúo batería-bajo más bailarina ataviada con un tocado y maquillaje bastante espectacular. Ocultismo, poemas, tradición y aromas de hechizos con un bajo martilleante y reflexiones espirituales. Entre sus filas, la cara conocida de Martha Woods, de Your Grace. Poco después de las 6 y media y tras un rápido avituallamiento, nos acercamos a ver lo visceral y extremo del hardcorizado metal de Portrayal of Guilt. El jovencísimo trío atronó en el escenario 2 y dejó perlas explosivas rápidas contenidas tanto en su último EP como en el aclamado Let Pain Be Your Guide. Con James Beveridge atosigando a su set de batería cayeron temas como de alto contenido inflamable. El contrapunto posterior lo pusieron los polacos Tides of Nebula con su post instrumental, en el que la puesta escénica de la mano de unas columnas leds en colores verdosos y azules cobraban protagonismo. Buen trabajo para llenar un escenario 1 que empezaba a tomar galas de conciertos grandes con mucho personal convocado. Más parroquia aún se aglomeró en el 2 para ver a la sensación belga Brutus. Ya os contábamos las bondades de su música en el artículo previo y no defraudaron. Su slot en el escenario 2 se les quedó pequeño ante un público que les tenía tomada mejor la matrícula de lo que pensaba de antemano. Exhibición de la carismática vocalista/batería Stefanie Mannaerts desde el inicio con Fire y luego con pelotazos épicos como War o Cemetery. Acrecentaron su sensación de ser abrumadores e ir hacia arriba en poco tiempo.

Dado que veía desde la distancia que se aglomeraba el público en las primeras filas del escenario principal, decidí ver de lejos el final de Brutus para conseguir un buen sitio de cara al concierto al que más ganas tenía. Hablo del de Deafheaven. A varios de los componentes de la banda californiana los habíamos visto de público viendo a sus compis de gira Portrayal of Guilt y más tarde, tras arrasar sobre las tablas, continuaron disfrutando, en especial George Clarke, del resto de la jornada musical. Pese a un setlist excesivamente centrado en mi opinión en el cuestionable Ordinary Corrupt Human Love- tocaron de él tres canciones y una más si contamos Black Brick- la banda sonó hiper-compacta y con una actitud tremenda. Que George Clarke es un frontman privilegiado ya lo sabíamos de antemano, pero me sorprendió para bien lo enchufados que estaban los guitarristas Kerry y Shiv cuando los tenía por individuos más fríos y contemplativos. Brutales en temas como Honeycomb, Brought to the Water y la apoteosis final con Dream House y Clarke al borde del escenario rugiendo ante las masas. Una hora y seis temas que dejaron con ganas de mucho más.

Tras la tempestad, la calma. Daniel Blumberg y su íntima propuesta sirvieron para que nuestras pulsaciones volviesen a ritmo normal. Muchas ganas de escuchar en directo temas del pellizco y calado como Minus o The Fuse en los que el artista arropado con su teclado, armónica y efectos era capaz de dejarte totalmente hipnotizado ante un silencio casi sepulcral. Una de las actuaciones más personales de todo el festival. Tras tomar un poco de aire nocturno y tentempié en la zona exterior nos fuimos raudos y veloces a tomar una posición cercana al lateral del escenario principal para ver a Touché Amoré. Su siempre legión de seguidores de la banda de culto post-hardcore/screamo gritamos todos los temas de su tocado de cabo a rabo primer disco …to the beat of a dead horse. Al segundo tema el bueno de Jeremy Bolm ya se había lanzado al público desmontando lo precario de la señalización provisional para la zona de fotoperiodistas. Mucha intensidad en un concierto en el que exprimieron al máximo su tiempo disponible y pasaron por temazos de Stage Four. Grandiosos con el corazón en un puño en concatenaciones de temas como Flowers and You y New Halloween o Is Survided By y una Rapture muy “lololizable” coreada por los allí presentes. Victoria final con la dinamita de ~. Con el poco hilo de vida y energía que nos quedaba sólo pudimos presenciar parcialmente la actuación de los japoneses, aunque surgidos de la escena londinense, Bo Ningen. Propuesta de rock disonante y distorsionado que no terminó de convencerme durante los primeros compases.

Sábado 12/10/19
La otra jornada larga del festival traía una primera parte más ecléctica, vanguardista y experimental. Nos presentamos pronto para sumergirnos en la electrónica ambiental de la sesión de JJOS, continuamos con el preciosismo de The Album Leaf -un clásico del festival, siendo esta su tercera inclusión en el line-up- rememorando por su quince aniversario íntegramente su disco In a Safe Place. Melodías impolutas y cristalinas para quienes se evaden oníricamente con Sigur Rós y similares. Más tarde disfrutamos muchísimo de la personal propuesta de Sara Fontán con su violín amplificado, pedales de efectos acompañada a la batería por el incombustible Edi Pou. Espectacular conjunción de música efervescente fuera de las estructuras habituales y de un proyecto al que cuesta seguirle la pista al no tener material físico ni por las plataformas de streaming publicado. Afortunados pues de haberles visto en directo.

La electrónica y mundo de los modulares no son mi especial devoción, pero estuvimos un buen rato viendo a Puntalaberinto en el escenario 3. En la senda de triunfo de los locales, jugaban en casa la vuelta de 12Twelve tocando Speritismo y vaya si no defraudaron. Magnífico concierto de Neumaier, Pantaleón y cía. Su libertad para arrasar con el jazz y el instrumental sigue sonando perfectamente tantos años después. Probablemente junto con el concierto de Lisabö, el concierto de mayor nostalgia y de mirar al pasado de la esencia del festival.

Menos disfrutado por mi parte fue el paso de los belgas Cocaine Piss, quienes precisamente como 12Twelve tienen experiencia con los estudios de Steve Albini, cuya propuesta de actitud punk me pareció algo extravagante y menos punzante de lo que me gustaría del reivindicativo género. Aprovechamos el final del concierto para una merecida cena y justo entramos con los primeros sonidos de la introducción a la batidora sónica a ratos soul/gospel a ratos black metal que son Zeal & Ardor. Mucha expectación para una banda que apenas un año y medio antes había sido poco vista en el escenario pequeño del Primavera Sound. Mejores sensaciones me dieron ahora la banda de un Manuel Gagneaux muy agradecido por el lleno casi hasta la bola. Mucho de su Stranger Fruit y alguna recuperación aplaudidísima de temas como Come On Down o Devil is Fine. A poco que acierten próximamente con nuevo material, aún crecerán mucho más.

Myoboku con Marina Herlop al frente del micro ofrecieron una actuación bastante personal y se granjearon aplausos con posiblemente otro de esos momentos de personalidad propia más allá de géneros y corrientes musicales. A seguirles la pista. A quienes había muchas ganas de ver y en cierto modo decepcionaron un poco dada su reputación fue a Pelican. La banda de Chicago pisaba por primera vez el festival con un post metal instrumental tan acorde a la programación del pasado y presente del evento y sin embargo durante su actuación de una hora dejaron a muchos con la sensación de sonar demasiado planos y fríos. Tocaron varios temas de su regreso discográfico de este mismo año, Nighttime Stories, pero personalmente me resultaron menos contudentes de lo que cabía esperar de su directo. Mejores noticias fueron el poder tener el final de fiesta con los irreverentes Za! Su habitual coctelera marciana de estilos propicia para alargar la hora de irse y disfrutar con su música. Hubo de todo y -según me cuentan, dado que me marché porque el cuerpo no daba para más- cayeron varias versiones delirantes, incluyendo March of the Pigs de Nine Inch Nails. Como decía la propia organización, son la única banda con manga ancha a la hora de estar tocando el tiempo que quieran y lo que quieran.

Domingo 13/10/19

La última jornada no era menos importante por sólo tener cuatro bandas en cartel ya que había muchas ganas de pillar a unos siempre escurridizos Lisabö. Pero vayamos por partes. En primer lugar, tocó ver la propuesta shoegazer de los manresanos Puput y ciertamente los pocos que desafiamos la hora tempranera dominical nos llevamos para casa una gran actuación de melodías cristalinas y catarsis de capas y reverb a lo Slowdive. Cortes con dos bajos y otros con guitarra electroacústica y voz como acompañamientos de ensoñadoras composiciones. Otro de esos nombres desconocidos de la escena local y que Sergio Picón y compañeros de organización han tenido a bien colar en esta edición. Tras el turno de los locales, tocaba volver a volar sensorialmente con Alcest. Gran recuerdo de su último paso por la ciudad condal tenía e incluso mejoró tras verles el Domingo. Actuación de hora y cuarto y con magníficas interpretaciones en favoritas como Écailles de Lune Part.1 con esa apoteosis de blast beats final de un Winterhalter inspiradísimo todo el concierto o la rabiosa Percées de lumière. Convenció también la nueva Protection, los temas del Kodama y el final vaporoso habitual con Délivrance. Libra por libra, podría coronarse como el concierto del festival mirando de tú a tú a lo mejor de la jornada del Viernes.
A Ainara Legardon no la tenía del todo en el radar y por eso me sorprendió su contundente dirección a ratos más cercana a lo introspectivo de un folk electrizado, pero con momentos oscuros no tan lejanos a esa corriente internacional de folk-doom que ha aupado a gente como Emma Ruth Rundle o Chelsea Wolfe. Mucho mérito para ganarse a un público que esperaba ansioso cerrar por todo lo alto con sus paisanos vascos Lisabö. Una institución independiente de la pasión por la música es lo que son Lisabö. Con su habitual estructura con Javi Manterola y Karlos Osinaga en los extremos derrochando pasión y dirigiendo a la doble sección rítmica central, que sudó de lo lindo ante interpretaciones de su triunfal regreso discográfico en 2018 como de anteriores discos, incluyendo mi favorito Animalia Lotsatuen Putzua. Autenticidad absoluta y derroche de energía de una banda que lo da absolutamente todo. El único punto negativo fue la dispar ecualización entre los micros de ambos cantantes que resaltaba en exceso las partes de Txap y acabó sumergiendo demasiado las de Javi Materola. Todo por el público, y como metáfora de ello el final entregando sus guitarras aún conectadas a las primeras filas con los acoples de fondo como sintonía de agradecimiento. Muy grandes.

Días de mucha intensidad musical y de muy buenas actuaciones en el marco de un festival que parece seguir haciendo las cosas genuinamente bien en pos de crear jornadas en las que toda la experiencia se vertebra en lo estrictamente musical y los artistas huyen de maniobras y artilugios de despiste tan habituales en los macro-festivales que pueblan nuestra geografía. Mucho a aplaudir a la organización y simplemente esperar que sigan haciendo las cosas con el mismo nivel de entrega y solventen los aspectos mejorables intrínsecos del recinto, como es el calor. En 2020 esperamos poder seguir disfrutando de bandas y momentos como los vividos.

Texto: Álvaro Antípodas
Fotos: WasFoto

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