Alejandro Díez es probablemente el personaje más representativo de la escena mod nacional, y una pieza clave para entender una buena parte del pop español de los noventa hasta ahora.

Ya con su anterior banda, Los Flechazos, escribió con letras de oro en el libro de la música de este país. Cuando se separaron, y tras unos años de silencio, nuestro “Modfather” particular decidió formar Cooper, emprendiendo otra aventura que, si bien se alejaba del encorsetamiento mod de su anterior banda, continuaba haciendo guiños a la imaginería y universo particular que había creado con ellos. La personalidad indiscutible de Alejandro hace inevitable que entre Cooper y Los Flechazos haya más que una simple conexión. Su voz es sencillamente inconfundible, y su estilo compositivo y su talento para dar con el estribillo perfecto también.

Heredero directo de grandes nombres como The Kinks o The Jam, la energía de sus guitarras y la luminosidad de sus melodías, ​siempre acunando el espíritu pop de los años sesenta, junto a su forma de cantar y la personalidad con la que afronta el proceso de composición, le han convertido en uno de los grandes reformadores de aquellos sonidos inmortales. Un pionero lleno de clasicismo.

Cooper debutaron con “Fonorama” (2000), un disco de powerpop, vitaminado y con canciones poderosas, pero sin abandonar los planteamientos pop y la inconfundible voz de Alex. A partir de ahí, la banda se pasa al formato clásico de los sesenta, editando mayoritariamente EPs o singles, aunque también cuentan con varios trabajos en formato grande en su discografía: “Retrovisor” (2004), “Aeropuerto” (2009), y “Mi Universo” (2011), todos ellos muestras de pop atemporal cantado en castellano que mantienen la calidad y el sello habitual de la banda.

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