Teenage Fanclub son una banda escocesa de rock alternativo, que surge en la escena musical de Glasgow en el año 1989. Su sonido tiene reminiscencias de la costa oeste norteamericana, como Beach Boys y Byrds, y sus compañeros setenteros Big Star. Son reverenciados por los fans del power pop por sus repiqueteos de guitarra y armonías vocales. Las labores de composición se comparten entre los tres miembros permanentes de la banda: Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love.

Editaron su primer disco, “A Catholic Education”, en 1990 para el sello Paperhouse. Aunque en un principio se dejaron llevar más por el “shoegazing” más ensimismado, pronto sacaron a relucir su brillante vena pop y en 1991 publicaron el excelente “Bandwagonesque” ya en el sello Creation. A este bombazo popero de primera magnitud le siguieron obras como “Thirteen” (1993), “Grand Prix” (1995) y “Songs from Northern Britain” (1997), gracias a las que se convirtieron en una banda de gran popularidad con enorme éxito de ventas.

Injustamente, poco antes del fin del siglo XX, el hundimiento de lo que se conocía por “Brit-pop” se llevó por delante el interés de parte de su público, que dirigió sus miras hacia los nuevos hypes que pregonaban los medios británicos. Así, sus últimos trabajos han pasado un poco más desapercibidos, lo que no impide que sigan al pie del cañón: “Howdy!” (2000), “Words of Wisdom and Hope” (editado en 2002, a medias con Jad Fair) y “Man Made” (2005) dan fe del buen hacer irreductible de los Teenage Fanclub.

Tras la aparición de "Man Made" se han dedicado a dar conciertos, algunos muy especiales, como cuando decidieron volver a sus inicios y tocar su mítico ‘Bandwagonesque’ al completo. La vuelta al estudio se produjo en 2008, comenzando a trabajar en el nuevo álbum en los estudios Leeder’s Farm de Norfolk y dándole los retoques finales en los Rockfield de Monmouth, con la ayuda de Nick Brine, entre otros. Así, en 2010 aparece su siguiente trabajo, “Shadows”.

En este disco, los escoceses continúan tejiendo melodías como pocos, manejándose con una elegancia que deriva en pop exquisito. “Shadows” remite a aquel “Songs From Northern Britain”, de forma que empieza a ser difícil decir cuál ha sido la mejor etapa de Teenage Fanclub cuando, en realidad, toda su obra es un continuo mágico de voces enjoyadas, melancolía y pop en estado puro.

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