Si hay un festival al que el nombre le viene como anillo al dedo ese es el Paraíso, tanto por organización como por propuesta artística. Otra cosa es que dicha propuesta responda a las expectativas, pero de eso nos ocuparemos después.

En lo que respecta a la organización poco o nada que reprochar, al contrario. El evidente aumento de asistentes no supuso problema alguno a la hora de pedir (un año más nuestro reconocimiento a las camareras y camareros: encantadores) ni al ir al wc, con tiempos de espera perfectamente razonables a pesar del uso “lúdico” que algunos hacen de los retretes en este tipo de eventos. También cabe destacar los esfuerzos que se dedicaron a mantener el recinto sin basura, con una amplia plantilla de trabajadores recogiéndola constantemente. Si acaso, le ponemos un punto negativo a que no te devuelvan el dinero sobrante cargado en las pulseras al momento. Si lo quieres recuperar, debes hacerlo obligatoriamente online con gastos de gestión incluidos.

Otro aspecto a destacar es la escenografía del recinto (el amplio y bien comunicado complejo deportivo de Cantarranas, perteneciente a la Complutense), con los árboles coloreados por una iluminación sutil que al caer la noche y en combinación con las llamadas “Criaturas del paraíso” creaba un ambiente onírico en las diversas y bien surtidas zonas de descanso. Varias instalaciones repartidas por el entorno hacían más agradables y entretenidos los desplazamientos de un escenario a otro. A destacar una llamada “Dancing Wave”, estructura lumínica que con un giro continuo creaba formas hipnóticas y sugerentes.

Cómoda también la zona gastronómica, rodeada de balas de paja que la convertían en un oasis de tranquilidad mientras reponías fuerzas. Nosotros lo hicimos los dos días con las magníficas hamburguesas de Karnota Beach Burguer, a los que ya conocíamos de la edición anterior y que nos tienen ganados con su amabilidad y sobre todo buen producto, punto este último que suele flojear en casi todos los festivales.
Metámonos ya en harina musical. Comenzamos la jornada del viernes en el Escenario Club con Moscoman, dj y productor israelí al que teníamos ganas. Y efectivamente no nos defraudó en absoluto. Selección musical exquisita, técnica sobria y depurada sin florituras innecesarias y perfecto control del tempo con los espectadores, tal y como demuestra la última parte de la sesión en la que encadenó impecablemente un tema tan contundente como “Gilgamesh” de Simple Symmetry con “La mezcla” de Michel Cleis (si me llegan a decir que iba a intentar algo así no lo hubiese creído), a los que siguieron “Loving You” de Lane 8, “Thonk!” de Dave Seaman, un tema propio, “Rubab”, “Scatting” de Don Ricardo García, culminando con el remix que hizo Mousse T de “Sing it Back”, con el que acabamos totalmente rendidos a sus pies. A mencionar el fantástico juego de luces iluminando la cúpula del espacio.
Cerrone nos esperaba a continuación en el escenario Paraíso para llevarnos a la época de Tony Manero y la música disco con un repertorio en el que no faltaron sus superhits “Give me love”, “Supernature”, “Love in C Minor” o “Je suis music”. El gran pope francés de la música de baile desarrolló un show en el que no faltaron la complicidad con su músico acompañante y con el público, la ocasional pero poderosa voz de Barbara Tucker y su número final a la batería. Chapeau para esta leyenda que sigue muy en forma.
Hicimos un paréntesis durante el show de Cerrone para ver a Ross From Friends, pero nos resultaron muy monótonos y no consiguieron captar nuestra atención, así que volvimos al escenario principal para ver el final de la actuación del francés y esperar a Polo & Pan. Empezaron animados con su house refinado pero a los pocos temas aquello se volvió un poco mamarrachada, sobre todo por parte de Pan, que se dedicó a hacer de animador más que de músico.
La gran decepción de la noche fue Solomun. Y van dos, ya que el año pasado en el Dynamic Festival Amsterdam ya nos resultó aburridísimo con un set de porrompompero insólito. Esta vez no se dedicó a la zapatilla, pero casi la hubiesemos preferido al techno house mediocre que pinchó. En su descargo hay que decir que el sonido no le acompañó, de hecho acabó petando en algún momento (para desesperación de los técnicos). Y como una retirada a tiempo es una victoria, nos fuimos a recuperar fuerzas para el día siguiente.

La principal diferencia que observamos el sábado en el público respecto al viernes fue un aumento en el nivel de postureo, con bastante gente más pendiente del look y el móvil que de la música. Cuando llegamos estaba acabando el número de Channel Tres en el escenario Paraíso con los bajos saturando inmisericordes. Los problemas de sonido en el escenario grande ya se hicieron notar el año pasado y parece que se han repetido este.

Nuestro primer objetivo de la jornada era Rhye, que apareció acompañado de una banda de siete miembros. De nuevo los bajos saturando, sobre todo al principio, perjudicando notablemente a unas canciones que necesitan sonar muy limpias para alcanzar la sensualidad de sus discos. Alargaban innecesariamente las canciones volviéndolas tediosas en algún momento y perdiéndose esa clase que caracteriza al músico canadiense.

Sintiéndolo mucho nos fuimos a la carpa del escenario Club donde Carista estaba dando una auténtica exhibición de techno elegante gracias a mezclas tan sorprendentes y acertadas como “Rosser” de Steffi & Dexter con “This is America” de Childish Gambino, uno de los momentazos de la sesión. Como también lo fue “Sume Sigh Sey” de House of Gypsies, con todo el público entregadísimo.

Charlotte Gainsbourg se presentó con una atractiva escenografía basada en una especie de marcos blancos luminosos repartidos por el escenario. El efecto era muy espectacular y acompañó muy bien a la francesa, respaldada por guitarra, batería y programación, en un formato mucho más acertado que el propuesto por Rhye. No se anduvo con chiquitas y nos dedicó un set menos pop y mucho más bailable y enérgico de lo que un servidor esperaba. Por ponerle un pequeño pero, le habríamos subido un poco el volumen de su micro para oír mejor su voz.

Una de las sensaciones del momento nos esperaba en la cúpula del Club, Peggy Gou. Sin embargo, no nos enganchó su habitual comienzo techno, menos vistoso que el de Carista, ni su progresión a estilos más accesibles y escasamente arriesgados. Breve visita al escenario Manifesto para ver a Millos Kaiser (ex-Selvagem) pinchando el clásico de Fernanda Abreu “Space sound to dance” y nos acercamos al nuevo escenario Nido, dedicado a la escena local, dado que en el principal Mount Kimbie tenían problemas técnicos que retrasaron su actuación. Acierto total porque disfrutamos de una muy buena sesión con vinilos de F-on, plena de buen gusto y deep house. Sonaron “The Drum” (de Mr. V), “Chunky” (de Format:B),”Dear Breeze” (de Carola Pisaturo & Anthony), “Unathi” (de Hom), “One of a kind” (de Omar S) entre otros temas muy bien escogidos. Le sustituyó DJF al que por resultar mucho más plano en sus comienzos, no le dimos demasiado recorrido. En este tipo de festivales, hay ventajas como tener una oferta muy amplia donde escoger y desventajas como no poder abarcarlo todo, así que quizá no tuvimos paciencia para ver cómo evolucionaba su sesión.

Motor City Drum Ensemble no nos motivaron por previsibles, así que esperamos a que acabase Pional y diese paso a Mano Le Tough, que cerró con una sesión muy bailable adecuada para finalizar el festival en la que destacaron “We merge” (de Dj Motion), “Invöker" (de Chvrches), “12a1” (de Italo Johnson) y “To love you” (de Kink). Antes pasamos por la actuación de Laurent Garnier, del cual me quedo con su proyecto LBS por mucho prestigio que tenga el francés.

Así nos despedimos de la segunda edición del Paraíso Festival, en la que echamos en falta riesgo y atrevimiento por parte de algunos de los nombres más destacados del cartel. En cualquier caso, y arriesgándonos a ser repetitivos, volveremos en futuras ediciones, ya que siempre hay alguna actuación que nos deja boquiabiertos y la organización y su producción es de lo mejorcito que hay en el panorama nacional por lo cómodo que resulta el festival en sí y el buen ambiente que se respira.

Texto: Bea Pazos y Enkilking
Fotos: Bea Pazos

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