Como cada año, Barcelona se engalanará el próximo mes de septiembre para celebrar las Fiestas de la Mercè. Como viene siendo costumbre desde hace más de dos décadas, Barcelona Acció Musical (BAM) pondrá la guinda por diversos espacios de la capital catalana. Pero la de este año será una edición muy especial.

Reikiavik está al norte del norte, que diría Nacho Vegas. Capital cultural y política de Islandia, es una de las ciudades más avanzadas de toda Europa, con una escena musical increíblemente activa y diversa. En Islandia tienes que ser original, ya que no quieres que tu música suene parecida a la de tu vecino. Con unas raíces fuertemente arraigadas en su pasado folclórico, la conexión con los avances de la música contemporánea, el neoclasicismo, la música de vanguardia y la electrónica han resultado en propuestas originales y eclécticas. Naturaleza y música son coordenadas esenciales de la forma de vida islandesa. El aislamiento geográfico parece haber forzado al país a inventar su propia realidad musical, su propio idioma, en un ejercicio de autosuficiencia que toma tanta inspiración de los ecos ingleses y norteamericanos como de volcanes y glaciares. El secreto estaba en no buscar el beneplácito, sino el interés externo.

Embajadores de renombre internacional, The Sugarcubes primero y Björk y Sigur Ros después, son los principales responsables de que desde Europa llevemos la últimas 3 décadas prestando atención a cada movimiento musical procedente de Islandia. En los 90, bandas y artistas como Gus Gus (electrónica), Múm (indietrónica), Seabear (indie-folk), Sólstafir (metal) o Emilíana Torrini (pop) fueron ampliando el abanico de referencias para el continente.

Que el BAM haya decidido dedicar una edición de su festival a un grupo de propuestas musicales islandesas personalísimas es importante. Esta es la "acción musical" que da nombre al festival, y es más necesaria que nunca. Programar en las plazas de la ciudad y de forma gratuita a ocho bandas de la capital islandesa, es acercar un contexto diverso y específico al mismo tiempo, mostrando el perfil musical de una ciudad en el año 2017 a través de 8 miradas únicas. No sabemos si es casualidad o ha habido intencionalidad en el hecho de que de las 8 bandas/artistas, 5 estén protagonizadas por mujeres. En cualquiera de los casos, una anomalía a celebrar. Unos pequeños apuntes sobre cada una de las bandas, en estricto orden alfabético:

Ólöf Arnalds...
Cantautora y multiinstrumentalista, Ólöf Arnalds tiene formación clásica en violín y viola, y aprendió a tocar la guitarra y el charango de forma autodidacta. Björk —con quien ha colaborado—, definió su voz como algo a medio camino entre la de un niño y la de una anciana.

Emmsjé Gauti...
Gauti Þeyr Másson es un veterano dentro del hip-hop islandés. Cuando en 2010 editó su debut en solitario ya llevaba 14 años rodando. Con un guiño al R&B, sus cuatro discos le han permitido llegar a un público masivo a través de la radio y del streaming.

Glowie...
El número más comercial del lote. Su sencillo de debut No more, fue la canción más escuchada en Islandia en 2015, lo que no está nada mal como carta de presentación para una joven cantante —este año ha cumplido los 20— que lo tiene todo para triunfar a escala internacional.

Grísalappalísa...
“A new voice has emerged in Icelandic rock—it is loud, angry, literate and groovy” Así se define la música de este septeto formado por músicos curtidos en la escena rock islandesa. Sus influencias van del krautrock y el punk al pop excéntrico. Su sentido del humor entronca con los Sugarcubes. Echen un vistazo a sus llamativos videos y sabrán de lo que hablo.

JFDR...
es el proyecto en solitario de Jófríður Ákadóttir, voz de los islandeses Samaris. Un talento precoz, la carrera musical de Jófríður se inició en 2009, cuando tenía 14 años, como compositora, voz y guitarra de Pascal Pinon. Esta prolífica voz que obsesionó a Björk necesitaba un proyecto 100 % personal. Brazil (2017), su LP de debut en solitario, conserva el elegante intimismo de sus otras empresas: delicados paisajes minimalistas en los que las palabras de Jófríður reinan entre texturas electrónicas y guitarras cíclicas.

Kiasmos...
las "estrellas" del lote: composiciones de música contemporánea aderezadas con música electrónica. Arnalds lleva su piano a la pista de baile, con una propuesta de espíritu clubber y alma minimalista.

Reykjavíkurdætur...
o, traducido al español "las hijas de Reikiavik", un colectivo hip-hop femenino surgido para corregir la ausencia de voces de mujer en la escena rap islandesa (nada distinto a lo que ocurre en el resto del mundo). Formadas en 2013 a raíz del éxito de una velada de micrófonos abiertos que convocaba a raperas, han gritado consignas feministas, acercándose en sus letras a temas como la corrupción política, la cultura de la violación o el empoderamiento de la mujer.

Samaris...
Eran unos adolescentes cuando Jófríður Ákadóttir, alias JFDR (voz), Áslaug Rún Magnúsdóttir (clarinete) y Þórður Kári Steinþórsson (electrónica) formaron Samaris en 2011. Desde entonces se han convertido en uno de los grupos islandeses con mayor proyección internacional, pese a darse a conocer con un disco homónimo en el que su glacial y fantasmagórica electrónica encendida con beats percusivos se acompañaba de letras extraídas de poemas del siglo XIX en islandés.

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