Loquillo, José María Sanz, no requiere presentación. Su música, sus discos y sus temas son la historia y la evolución del rock nacional desde la década de los 80. El concepto “rock and roll star” no lo acuñó él pero todos pensamos en él cuando lo escuchamos. Loquillo es toda una institución del rock español que ha sabido avanzar y reinventarse para continuar siendo la referencia del rock nacional de calidad. Un rock pensado, reflexivo, con mensaje, maduro y sereno que Loquillo ha ido adquiriendo según pasaban los años.

Desde aquel lejano “Los tiempos están cambiando” (1980), primer disco de Loquillo en el que enlazaba canciones del más puro estilo rock & roll con el punk y el rock contemporáneo, señas de identidad de la formación en sus primeros años, su música y sus letras han evolucionado mucho. Y es que desde 1980 Loquillo ha editado más de treinta trabajos discográficos, unos con sus inseparables Trogloditas y otros en solitario, pero siempre certificando su personalidad musical y su autenticidad.

A lo largo de esa amplia trayectoria Loquillo se ha ido convirtiendo, por derecho propio, en la leyenda más solida y rotunda del rock español. Trabajos esenciales como “Morir en Primavera” (1988), directos imprescindibles, “¡A por ellos que con pocos y cobardes!” (1989); discos conceptuales, “La vida por delante” (2000), o trabajos impecables, del estilo de “Cuero español” (2000) o “Arte y ensayo” (2004), han ido ratificando su calidad y buen saber hacer ante el público y la crítica. El excelente “Balmoral”, editado en 2008, devolvió al músico catalán al primer plano de la actualidad, demostrando que de él se puede, y se debe, esperar siempre más.

Tras treinta años en los que Loquillo ha crecido como músico y como persona frente al público de toda España, manteniendo siempre el listón de la calidad en alto, ahora ofrece un recorrido maduro, con la categoría de “clásico” que muy pocos logran y que él se ha sabido ganar en cada trabajo y en cada actuación, por los temas más representativos de esa extensa trayectoria.

En 2012, el eterno “hombre de negro” revalida su título de diplomado en la universidad del Rock and Roll patrio con otro LP después de “Su Nombre era el de Todas las Mujeres” (DRO, 2011) y el directo titulado “En Madrid” (DRO, 2012). Eso sin contar el fallido proyecto conjunto con The Right Ons. Pero bien, este nuevo disco: "La Nave de los Locos", que toma el nombre de la obra pictórica de El Bosco no va de cuero ni de cóckteles sofisticados que fluían en “Balmoral” (DRO, 2008), sino de extremas realidades sociales a las que Loquillo se acerca junto a la composición de Sabino Méndez, 23 años después.

Francamente, el Loco había logrado ganar credibilidad después del bache de los últimos años de los 90, cuando Trogloditas eran más una piedra en el zapato que una banda. Además, la escasez de ideas compositoras dañó la confianza de los seguidores. No obstante, Sabino y Gabriel Sopeña mantuvieron dignamente la leyenda de vez en cuando. Sin menospreciar el pequeño rincón de Luis Alberto de Cuenca en “Su nombre era el de todas las mujeres”. El buque navega entre mar arbolada y a bordo van Jaime Stinus, Igor Paskual, Laurent Castagnet, Santi Comet, Josu García y Alfonso Alcalá, comandados por Loquillo. Locos soñadores haciendo un viaje iniciático que partió desde los estudios CATA de Madrid, botadura incluida.

“La Nave de los Locos” es eso, una medalla más en el pecho. No se sabe si por el valor o por la veteranía, pero sí a la constancia. El peso en la banda de Jaime Stinus y de Igor Paskual ha sido crucial en todos los ámbitos, desde la reestructuración en la musicalización como en lo personal. Esto puede comprobarse a lo largo de todo el plástico, pues la fuerza de los coros y de las guitarras es el principal apoyo. Las letras, como no podía ser de otra manera, se recrean en la épica del Rock and Roll y en las historias callejeras que ocupan la actualidad. “La Nave de los Locos” es la batalla necesaria de Loquillo entre la maleza de las canas de la edad que le depara el futuro que, siendo la fantasía de un cuentacuentos veterano (hablando de Sabino Méndez), descienden al infierno para narrar cosas que se escapan al intelecto. Como dice el propio autor: “Tanto Sabino como yo tuvimos bien claro que para trabajar juntos, tenía que pasar el agua bajo el puente, como dicen en ‘Casablanca’. Las cosas al fin y al cabo en esta vida terminan por ponerse en su sitio”.

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