Si en un principio el FET (Festival Emergent de Torelló) se originó como una despedida musical del verano entre amigos, en los últimos años ha ido creciendo y mutando de formato hasta convertirse en un escaparate perfecto para las propuestas más prometedoras del panorama independiente local, sin llegar a perder el aura de festival de proximidad y cercanía.

Así, al sol del mediodía y en sesión vermut en la terraza del bar El Galliner, la jovencísima Marta Knight fue la encargada de abrir el festival ratificando a quienes la señalan como la sucesora natural de Pavvla o Joanna Serrat dentro de la escena folk catalana. Con una voz de una profundidad insondable que la emparenta directamente con la Chan Marshall (Cat Power) de los inicios, la de Martorell desgranó los temas de su EP de debut Peterloo Heroes, en los que las raíces del folk americano («Blood on the Way» o ese «About Time» con sabor a western con el que se despidió) se dejan permear por la influencia del pop británico y donde el tono íntimo y reposado no elude el compromiso social, de ahí la titular «Peterloo Heroes» o las estrofas que esbozó de un «Sunday Bloody Sunday» más vigente que nunca en estas tierras. Entremedias, también tuvo tiempo de dejar constancia de su gusto por los clásicos modernos de la pérfida Albion con versiones de Oasis («Don’t Look Back in Anger»), Arctic Monkeys («Fluorescent Adolescent») e incluso el popular himno rockero «Cum on Feel the Noize» de Slade.

Ya dentro del Teatro Cirvianum, reconvertido en sala de conciertos para la ocasión, el dúo Cor Blanc envolvió el escenario en una atmósfera ensoñadora y etérea, a partir de una instalación central en la que diversos objetos (rosas en un tarro de lágrimas, un globo terráqueo, figuras de arlequín…) se disponían sobre la mesa a la luz tenue de una lámpara de sobremesa, en una traslación al directo del ambiente intimista del taller en el que crean y desarrollan su música. Una música de corte preciosista, sutil y delicada, que mediante sintetizadores, caja de ritmos y guitarras tejía un refinado tapiz electrónico con cierto aire nórdico y reminiscencias a la vertiente más pop de la indietrónica (de Múm a los pasajes más serenos de Lali Puna, pasando por CocoRosie, a quien versionaron) sobre el que la cálida voz de Mireia Bernat apenas susurraba unas melodías cautivadoras. Confirmación rotunda a los elogios que les precedían.

Cor Blanc

Tras ellos, los también barceloneses Snooze tomaron el escenario y mostraron buenas maneras trasladando al directo los ritmos bailables de su reciente debut en largo: Land, en un ejercicio que iba del electro-indie enfocado a la pista de baile al synth-pop con guiños a una psicodelia retro-futurista acentuados por el tratamiento en las voces, si bien (y esto es una fobia muy personal) siempre he considerado el saxofón un instrumento de muy difícil encaje dentro del mundo del pop.

Snooze

Por su parte, Medalla volvieron a demostrar, tal como habían hecho dos semanas antes en La 2 de Apolo barcelonesa, que están dispuestos a ir a por todas y no hacer prisioneros por el camino. Sin escatimar esfuerzos sobre el escenario, y con su Emblema y Poder bajo el brazo, derrocharon actitud punk en un torrente de guitarras afiladas y coros desgarrados enraizados en esa tradición del rock en castellano que puede rastrearse hasta Lagartija Nick con parada en El Columpio Asesino.

Con el ambiente ya en plena ebullición, y jugando en casa, L’Hereu Escampa tuvieron vía libre para poner al público literalmente patas arriba. El dúo de Manlleu formado por Carles Generó a la guitarra y Guillem Colomer a la batería, en un formato que últimamente está deviniendo en clásico (No Age, Japandroids…), se presentaba también con LP recién salido de fábrica: Pren la Matinada, y ya desde los primeros rasgueos de su emo-punk con cierta sensibilidad melódica pudieron sentir de cerca el empuje de una entregada afición que no dudó en practicar stage diving, crowd surfing e incluso amagó con iniciar algún pogo. Triunfo absoluto entre la gradería, pues, para el conjunto local.

L’Hereu Escampa

El fin de fiesta se trasladó entonces al bar Munich, donde Dj Kurti y los Fet Djs pusieron el broche final a una jornada que dejó un buen sabor de boca y ganas de regresar en la próxima edición.

Texto: Sergio Rodríguez Jurado
Fotografías: Oriol Morató, excepto Cor
Blanc: Maia Figueroa

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