El Resurrection Fest crece imparable. Buena muestra de ello fueron las más de 80.000 personas que asistieron al festival este año. Cuatro días fantásticos (tres en nuestro caso, ya que no pudimos asistir al primero de ellos) de metal, punk y hardcore, en todas sus variantes, que combinan perfectamente bien con el entorno, las playas y la maravillosa gastronomía de la localidad gallega de Viveiro.

Nada más deshacer las maletas, dejamos el hotel para dirigirnos en taxi al festival. Durante el trayecto, un entusiasmado taxista nos comentó el gran impacto que tiene semejante evento en el pueblo. "No me he bajado del taxi desde el mediodía", nos informaba satisfecho por la enorme cantidad de visitantes que, según él, el pasado año se habían dejado unos 4 millones de euros en la zona.

Una vez llegados al recinto recogimos las acreditaciones y nos dejamos contagiar por el ambiente festivo que se respiraba. El cielo estaba nublado, pero la temperatura era perfecta e invitaba a refrescarse la garganta con una buena jarra de cerveza. Como viene siendo habitual, el festival tiene su propia moneda, así que nos acercamos a las taquillas para cambiar euros por "tokens". La cola era considerable, pero estábamos cerca del escenario pequeño o Ritual Stage y Stick To Your Guns nos amenizaron la espera. Cientos de puños en alto recibieron a los californianos, que a pesar de su etiqueta de melodic hardcore sonaron realmente contundentes.

Bien provistos de una novedosa aunque incómoda jarra de litro y medio de cerveza, nos fuimos al escenario principal o Main Stage para disfrutar de While She Sleeps. La banda de metalcore británica repasó sus dos únicos discos con temas como "Brainwashed", con el que arrancaron el concierto, o "Our Courage, Our Cancer" y "This Is Six". "Loz" Taylor agradeció la enorme respuesta del público "nadando" entre las primeras filas y cantando "Seven Hills" sobre la multitud de fans. El concierto terminó con "Four Walls" y la sensación de haber visto al grupo en su mejor momento.

Satisfechos, nos fuimos al escenario medio o Chaos Stage para disfrutar de una de las mejores bandas de thrash metal nacional: Crisix. Con un telón de fondo ilustrado por la portada de su último disco, saltaron al escenario para descargar el tema que abre "From Blue To Black", la tremenda "Conspiranoia". Con "Rise... The Rest" salieron a rockear con la banda los Resukids, un especial y entrañable servicio de guardería que permite que padres e hijos puedan disfrutar del festival. El público se volvió loco con el quinteto de Igualada, aunque no tanto como Juli, su vocalista, que con las primeras notas de "Psycho Crisix World" apareció en el escenario con una camisa de fuerza. Justo antes de arrancar con "The Great Metal Motherfucker", Juli, de nuevo, nos sorprende a todos y sobre manera a su novia pidiéndole matrimonio en el escenario. El concierto termina y, claro está, no puede faltar el ya clásico "Ultra Thrash", que todos cantamos como si no hubiera un mañana. Inolvidable show, sobre todo para los futuros marido y mujer.

Con una gran sonrisa en la cara volvemos al Main Stage para ver qué tienen que ofrecernos Bad Religion. No soy muy fan del grupo, pero reconozco que Greg Graffin y compañía siguen siendo muy solventes en directo. “American Jesus”, “Suffer”, “Generator”, “21st Century", “Anesthesia” y la celebradísima "Punk Rock Song" hicieron pasar un buen rato a los allí congregados y también a los Resukids, que volvieron a ser coprotagonistas del show.

La gran sorpresa del día fueron Walls Of Jericho, una banda de Detroit de metalcore punk que en principio no me llamaba mucho la atención, pero que tras verla en directo me dejó totalmente desarmado. La actitud y la voz endemoniada de su vocalista, Candace Kucsulain, sobre el escenario consiguieron que me olvidara de todo lo visto hasta el momento. Creo que ningún grupo me ha impactado tanto en vivo desde Napalm Death. Brutales.

Cuando llegamos al Main Stage, Bring Me the Horizon acababan de comenzar el show. La verdad es que el despliegue audiovisual que traen consigo resulta verdaderamente impactante comparado con los montajes vistos hasta el momento. El sonido también era perfecto y no se dejaron ningún hit en el tintero: "Happy Song”, “Avalanche”, “Follow You”, “True Friends”... , pero lo cierto es que después de un rato me acabaron resultando aburridos.

Una vez terminado el concierto, aprovechamos para visitar los muchos y variados puestos de comida: vegano, oriental, kebab, hamburguesa, pizza... Al haber tantos, no están muy saturados y poder evitar colas interminables es un alivio.

Volvemos al Main Stage a tiempo de coger un buen sitio para ver a las estrellas de la noche: Volbeat. Cuando hace años los escuché por primera vez no me dijeron gran cosa, pero reconozco que a día de hoy sus melodías y esa mezcla tan característica de rockabilly y metal me tiene sorbido el seso. Con un enorme telón de fondo, los archiconocidos daneses (con Kasper de vuelta al bajo) arrancaban con "The Devil's Bleeding Crown", para seguir con un medley compuesto por "Heaven Nor Hell / A Warrior's Call / I Only Want To Be With You". El sonido fue bastante bueno, excepto, tal vez, por un exceso de graves que en ningún momento llegó a deslucir el show. A continuación interpretaron el que es mi tema favorito de la banda, "Sad Man's Tongue", precedido por una pequeña intro del "Ring Of Fire", de Johnny Cash. No faltó la ultrapegadiza y muy celebrada "Lola Montez", y tampoco "The Lonesome Rider", "For Evigt" y "The Gates Of Babylon", procedentes de su último trabajo, que sonaron muy bien en directo. También me gustaron mucho "Dead But Rising", "16 Dollars", "Fallen" y ya en los bises "Still Counting", la fantástica "Seal The Deal" y "The Mirror And The Ripper", que cantamos hasta desgañitarnos. Sin duda uno de los mejores conciertos del festival.

De las melodías pegadizas de Volbeat pasamos al extravagante y, por qué no decirlo, divertido grindcore de Brujería. Con un Chaos Stage más lleno de lo que se podría esperar a esas horas, un telón ilustrando la cabeza cortada de su primer disco (coco loco) y un montón de simbología azteca, fueron sonando temas como "Pito Wilson" y "Colas de Rata", ambos de su disco "Raza Odiada", las recientes "Viva Presidente Trump!", con el que todo el respetable acabamos coreando Fuck Trump!, y "Angel de la Frontera". En la recta final se decantaron por clásicos como "Brujerizmo", "Matando Güeros" y, como no, la cachonda "Marijuana", que cerró el show.

El punto y final de la jornada lo puso Nice Boys, una banda tributo a Guns N' Roses de la que poco hay que comentar.

El viernes, tras darnos un buen homenaje de pescados y moluscos varios, llegamos al Chaos Stage a tiempo de ver a los interesantes Battlecross, un grupo procedente de Detroit que se mueve entre el thrash y el death metal más melódico. Los constantes circlepits sirvieron como respuesta a un grupo que supo entregarse al máximo y que en todo momento tuvo un feeling especial con el público. Así da gusto empezar el día.

De un gran concierto pasamos a otro de igual o mayor calibre. Protest The Hero saltaban al escenario del Main Stage para dejarnos con la boca abierta con su buen hacer y tremenda técnica. "Bloodmeat", "Sequoia Throne", "C'est La Vie"... temazos todos y cada unos de ellos de un metalcore progresivo delicioso. Mención especial a la tremenda voz de Rody Walker, que cambiaba de un tono agresivo o agudo a otro más melódico sin inmutarse.

Una vez terminado el show, volvemos rápidamente al Chaos Stage para disfrutar del que posiblemente sea el mejor grupo de thrash metal del país: Angelus Apatrida. Ante una multitud realmente importante, los cuatro manchegos arrancaron con "Inmortal", tema que abre su último disco (discazo, más bien), "Hidden Evolution", con una fuerza que dejaba claro que no pensaban dejar títere con cabeza. Los temas siguientes pegaron un repaso a toda su discografía: "Violent Dawn", "Give'Em War", "First World of Terror", "Vomitive", "Of Men And Tyrants", "End Man"... Entre canción y canción Guillermo recordó a todos los presentes que siguen en la brecha "le joda a quien le joda" y que el Resu ha tenído a bien recibirles en cinco de sus ediciones, las mismas que a Madball, a la vez que nos agradecía a todos nuestro apoyo. Finalmente nos remataron con ese temazo que es "You Are Next", el cual disfruté como un poseso. Buf, qué grandes son.

Las primeras notas del concierto de Hatebreed tiraron de nosotros de vuelta al Main Stage para disfrutar de la apuesta segura que supone el hardcore de los de New Haven. Desde "Destroy Everything" hasta "Proven" y "Straight To Your Face", pasando por "Dead Men Breathing", "Last Breath", que dedicaron al malogrado Lemmy, o la brutal "I Will Be Heard", los de Jamey Jasta supieron encandilar a un público que, olvidando el tremendo calor, no paró de saltar, cantar, y hacer crowd surfing. Mención especial para los sufridos señores de seguridad, que no pararon de sacar a peso muerto a todo el que traspasaba las primeras filas.

Nuestra única experiencia del día en el Ritual Stage fue con Frank Carter & The Rattlesnakes. Carter es ampliamente conocido por ser el ex-vocalista de Gallows y en esta ocasión venía con su nueva banda a presentar su primer disco, "Blossom". Pues bien, el tipo hizo lo que quiso con todos los que allí estábamos: caminó por encima la gente hasta casi el centro de la carpa , organizó el mayor circle pit que pude ver en el festival, con él cantando en el centro, hizo que todos nos sentáramos para poder interpretar "I Hate You" entre el público... El derroche de carisma y actitud del vocalista fue tal que eclipsó por completo al resto de la banda. También los Resukids compartieron unos minutos con el grupo en el escenario y Carter aprovechó para hacerlos partícipes del show y comentar orgulloso que él también era padre.

Al terminar el concierto nos dimos una vuelta por el amplio mercadillo en busca de algún disco interesante, para acto seguido encaminarnos a la zona VIP o Pandemonium y aprovechar para cenar. Además de zona de prensa, barra y puesto de comida (con un comedor de los más interesante, poblado de retratos de estrellas del rock y el cine), este lugar, reservado únicamente para 666 afortunados, estaba provisto de una zona elevada desde donde ver los conciertos del Main Stage lejos del bullicio.

Allí estuvimos hasta que dió comienzo el concierto de The Offspring, las estrellas del día. Abanderados, junto con Green Day, de la escena punk "para todos los públicos" surgida a principios de los años 90, los californianos desgranaron uno a uno todos sus hits (que son muchos) ante una ingente cantidad de fans que no dejó de cantar durante todo el concierto. En un ejercicio de nostalgia, mis manos se movieron en un "guitar air" con los temas que rescataron del ya lejano "Smash": "Come Out and Play", "Bad Habit" y "Self Esteem", pero poco más.

Desgraciadamente, el sábado no pudimos llegar a tiempo de ver a los alemanes Destruction (¡maldita sea!), pero supimos curarnos las heridas con Thy Art Is Murder, que tenían montada una fiesta de aquí te espero. Con el Ritual Stage hasta los topes, los australianos vomitaban su deathcore a todos los presentes en forma de temazos como "Absolute Genocide", "The Purest Strain of Hate" o "Holy War". El crowsurfing era brutal e incluso el vocalista del grupo animaba a la gente a seguir llegando hasta la valla ante la atónita mirada de los miembros de seguridad, que no tenían el más mínimo descanso.

Bullet For My Valentine ya tenían congregada una legión de fans cuando llegamos al Main Stage. Con un sencillo telón de fondo con sus cuatro iniciales, los de Gales salieron a presentar su último trabajo, "Venom". A pesar de ser un grupo de metalcore bastante melódico, me cogieron desprevenido por la dureza que impregnaba muchos de sus temas. "No Way Out", "4 Words (To Choke Upon)", "Tears Don't Fall", "The Poison" o "Scream Aim Fire" hicieron que el público (muy joven, en su mayoría) disfrutara de lo lindo.

Soy muy, muy fan de Iron Maiden y lo más sensato hubiese sido quedar en el escenario principal cogiendo sitio, pero no podíamos dejar pasar la oportunidad de ver a Municipal Waste. Y menos mal, porque los de Virginia pusieron el Ritual Stage patas arriba con un crossover bestial. Donald Trump volvió a ser protagonista involuntario, apareciendo al fondo del escenario un telón con su cabeza y una pistola volándole la tapa de los sesos, junto al logo del grupo. "Unleash the Bastards", "Mind Eraser", "You're Cut Off", "The Thrashin' of the Christ", "I Want to Kill the President" y "I Want to Kill Donald Trump", con las que el "queridísimo" candidato a la presidencia volvió a ser protagonista, hicieron que se formara uno de los crowd surfing más multitudinarios y brutales que he visto. La nota graciosa la puso un chaval haciéndose un selfie mientras un paciente señor de seguridad lo sacaba en brazos. Desconozco lo que cobra esa gente, pero visto lo visto seguro que es poco. Con "Sadistic Magician" y "Born To Party" la fiesta toca a su fin entre sonrisas y comentarios de satisfacción por parte de todos.

Tras fracasar intentando acceder a la abarrotada zona elevada del Pandemonium, decidimos adentrarnos en la inmensa multitud que ya poblaba el Main Stage, mientras imágenes informando de las salidas de emergencia aparecían en las pantallas del escenario. La media de edad de las personas que tenía a mi alrededor había subido, pero pude comprobar cómo mucha chavalería cantaban entre ellos los temas del grupo. Y no los clásicos de Iron Maiden, sino los de "Book Of Souls", su último disco. Tras el "Doctor, Doctor" de UFO y un vídeo con el "Ed Force One" como protagonista, dió comienzo el concierto. Los británicos parecían estar en muy buena forma, pero mi atención se centraba sobre todo en la voz de Bruce Dickinson que, a pesar de no ser la de antaño, se ha recuperado mucho mejor de lo esperado del cancer de garganta que padeció recientemente. Lo que sí resulta envidiable es su forma física, ya que durante todo el concierto estuvo pegando saltos y corriendo de un lado para otro. Centrándonos en lo estrictamente musical, el grupo intercaló un buen número de temas nuevos, como "If Eternity Should Fail", "Speed Of Light", la maravillosa "Tears Of A Clown" (dedicada al tristemente desaparecido Robin Williams), "The Red And The Black", o "Book Of Souls" (en la que Eddie hizo su clásica aparición en el escenario), con temazos recuperados del baúl de los recuerdos como "Children Of The Dammed" y "Powerslave", u otras como "The Trooper", con la voz de un Dickinson que quería y no podía. La parte final del show la dedicaron a regalarnos un clásico tras otro, empezando por la gloriosa "Hallowed Be Thy Name", para seguir con la coreada y muy celebrada "Fear Of The Dark", o "Iron Maiden", en la que Eddie volvió a hacer acto de presencia por detrás de la batería de Nicko McBrain. Entre canción y canción Dickinson quiso agradecer el trato dado por la organización del festival asegurándonos que el Resurrection no lo organiza una empresa, sino gente normal que disfruta de la música. Ya en los bises y tras el archiconocido pasaje del apocalipsis, daba comienzo "The Number Of The Beast". La gente se volvió loca y más cuando, entre llamas, apareció un enorme Lucifer en la parte derecha del escenario. "Blood Brothers" y la nostálgica "Wasted Years" sirvieron de cierre a un concierto que despeja todas mis dudas sobre el futuro de la banda: tenemos Maiden para rato.

La enorme marea humana que se formó una vez terminado el concierto hizo imposible que pudiéramos llegar hasta el Chaos Stage donde Entombed A.D daban comienzo a lo que, según tengo entendido, fue un concierto memorable. Una verdadera lástima.

Mientras degustábamos un par de porciones de pizza, Abbath comenzaba su show. Tras hacernos unas demostraciones de cómo escupir fuego, el ex-Inmortal intercaló temas de su disco en solitario, tales como "To War!", "Winterbane" o "Count the Dead", con "Nebular Ravens Winter", "Solarfall", o "In My Kingdom Cold", de su legendario ex-grupo. Señores, esto sí es black metal y no lo que hicieron Watain hace un par de años.

Fue extraño ver a Graveyard a esas horas y entre estilos tan diferentes al suyo, pero el caso es que los suecos congregaron a un buen número de personas y dieron la talla sobradamente. Con el in crescendo de "Slow Motion Countdown" y posteriormente con "Buying Truth" y "From a Hole in the Wall", fuimos metiéndonos en el concierto y poco a poco conseguimos olvidarnos del cansancio. Del blues y la psicodelia pasaron a ese rock setentero, marca de la casa, con "Magnetic Shunk" y la gloriosa "Hisingen Blues". Para terminar interpretaron "Uncomfortably Numb", "Ain't Fit to Live Here" y "The Siren", que puso punto y final a un concierto en el que me costó entrar y mucho más salir. Muy, muy grandes.

Nos hubiese encantado ver a Nashville Pussy, pero estábamos agotados y aún nos quedaba por delante el viaje de vuelta en coche. Así que abandonamos el recinto repasando mentalmente los grupos que nos gustaría ver el próximo año. Nosotros apostamos por Metallica, Rancid y Misfits con Glenn Danzig. ¿Y vosotros?

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