El de este año será recordado como el Primavera Sound de “Line-up, The Movie”, el de las acreditaciones de prensa a 50€, el de la tromba de agua y el doble arcoiris, el del escenario oculto y el Mordor* bicéfalo o el del vídeo promocional PS15 con el “Girls” de Death in Vegas antes de cada actuación. Pero también lo será como el del triunfo de Arcade Fire y Nine Inch Nails, el gatillazo de Pixies y la (¿penúltima?) oportunidad de ver a Slowdive en directo.

A estas alturas, los objetivos del festival catalán pasan por seguir creciendo sin renunciar a la comodidad, mantener una oferta variada y de calidad que siga despertando el interés de una generación que ha envejecido con el festival y -al mismo tiempo- no pierda de vista a las nuevas generaciones. Y lo cierto es que, acabada la función, podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que el alumno progresa adecuadamente. La redistribución de escenarios y las nuevas rutas de entrada y salida a los mismos han descongestionado puntos negros históricos y les han ahorrado unos cuantos kilómetros a nuestras piernas. El exquisito y variopinto cartel ha conseguido repartir el interés del público por los cuatro puntos cardinales del Parc del Fórum y ha evitado casi por completo (como cabía esperar, Arcade Fire fueron la excepción) el agobio de pasadas ediciones. La experiencia te enseña que un solape no es una putadita, sino una oportunidad para ver un concierto a tus anchas. El comentario general más oído: “parece que había más gente, pero se estaba mejor.”

Pero no todo van a ser alabanzas y palmaditas en la espalda. Como todos los años, hay un capítulo de críticas y mejoras. El primer punto del mismo se refiere a las instalaciones, en algunos casos en un estado catastrófico (lo de los baldosines del Rayban clamaba al cielo), y, si bien es cierto que este apartado no es competencia directa del festival, sí que es su responsabilidad hacer presión para que la mejora de dichas instalaciones se lleve a cabo cuanto antes. El segundo punto, de por repetido, no es menos importante: el maldito Pitchfork, un escenario situado en un marco idílico y en el que se programan estupendos conciertos demasiado a menudo echados a perder por causas ajenas a la banda. Este año, parece que los grandes damnificados han sido Pond y Future Islands; lo de The War On Drugs, por suerte, quedó en un sustito. Ecos y graves saturados retumbando en la placa voltaica, un batiburrillo de sonido, un desastre. Otros años, el intrusismo del actual escenario ATP (antiguo San Miguel o Primavera) en el Pitchfork, este año el intrusismo del Pitchfork en el Vice (que se lo digan a Connan Mockasin). En definitiva, una tierra de nadie que cuenta las ediciones por disgustos, un marco –insistimos- mágico para el que tal vez se debieran encontrar otras utilidades. Tampoco fueron motivo de dicha los mismos precios inflados por la misma cerveza aguada de siempre ni la innecesaria barrera de entrada extra, que al segundo día falló, provocando escenas de acrobacia y pánico a partes iguales.

Julian Cope abrió nuestro primer día en el Auditorio, guitarra acústica en mano. Concierto especialmente disfrutable para los fans de siempre y algo menos disfrutable para los que descubrían las bondades del druída por primera vez. Especialmente celebradas fueron "Autogeddon Blues" y "Sunspots", tal vez las que menos echaron en falta algo de electricidad y más se beneficiaron de las dotes de San Julian a las cuerdas (metálicas y vocales).

Pond fueron víctimas del síndrome Pitchfork referido anteriormente, un concierto que todos los asistentes intuimos cojonudo, pero venido a menos como consecuencia del caos sonoro y el volumen bajísimo de la guitarra y voz de Nick Allbrook.

Dados los precedentes, decidí sacrificar el concierto de Majical Cloudz en el Pitchfork y darle una oportunidad a las para mi del todo desconocidas Warpaint. Canciones herederas del sello 4AD, ese revival ochentero tan en boga estos días. Sin nada que objetar: estupendas canciones dotadas de estructuras complejas y excepcionalmente ejecutadas, guitarras de sonido cristalino con un punto de reverb, voces entrelazadas con elegancia y seguridad y -lastbutnotleast- una frontwoman con un magnetismo de los que te dejan el corazón en un puño. Lamentablemente, tuvimos que irnos antes del final, perdiéndonos su versión del "Ashes to Ashes" de Bowie… bien pensado, tal vez sea mejor así.

Opinión unánime: Lo del Hidden Stage fue un acierto absoluto. Plantar una sala en el interior de un festival con conciertos pensados para los fans de siempre, esos que se plantan en el Parc del Fórum a las 17:00 de la tarde para recoger un ticket de entrada. Y ver a Peter Hook & The Light tocar el "Unknown Pleasures" (+ "Transmission" + "Love will Tear Us Apart") fue lo más cerca que ha estado servidor de Joy Division. Único pero, la voz de Rowetta, cuyo vibrato y técnica vocal es directamente proporcional a la falta de emoción que transmite.

Era mi cuarto concierto de Arcade Fire, uno por cada gira, cada uno de ellos con más público que el anterior y -hasta ahora- menos disfrutable. Si bien los canadienses han sido capaces de mantenerse fieles a un ideario musical personal, no es menos cierto que las mieles del éxito conllevan tics aborrecibles... estoy pensando en los coros de algunas (cada vez más) canciones, esos momentos de exaltación de la celebración épica, colectiva y onomatopéyica más propios de una final de champions que de un concierto de pop-rock. Por otro lado, el giro de timón estilístico que ha supuesto Reflektor aporta a sus directos un aire fresco muy necesario y disfrutable. ¿Mejor concierto de esta edición? Casi.

De Metronomy conocía una canción, la que sale en los títulos de crédito de la última de Almodóvar. Con ese antecedente y la sospecha de que el horario podía resultar inapropiado para un concierto de pop, me enfrenté al último concierto del día, la gran sorpresa de la jornada. Metronomy son elegantes, son precisos, son encantadores. Su pop electrónico y juguetón, con un punto entre retro, hortera y kitsch, te transmite un muy buen rollo, consiguiendo instalar una sonrisilla en tu boca y un bailecillo en tus pies. La escenografía, con unos pequeños púlpitos de color blanco tras los que se parapetaban sus teclados analógicos, irradiaba la misma precisión y elegancia demodé que su vestuario o coreografías, todo tan sencillo y minimal como encantador. ¿Soy el único al que la forma de cantar de Joseph Mount le recuerda poderosamente a Phoenix? Desde ya, fan.

Y al segundo día, a las 18:30, empezó a llover. John Grant, bardo de los charcos del alma, plantó al mal tiempo buena cara ("I’m sorry about the rain, es por mi culpa. Me temo que es así") y nos regaló un estupendo concierto en el que intercaló baladas con los trazos más bailables de su último disco. Y es que, a pesar de que se cumpliese ese 100% de posibilidades de lluvia anunciado, el público no olvidó sonreir al menos un 65% del tiempo. Tal vez fuera solo un 63%. O igual no fue más que un 25%. Grande en las condiciones más adversas.

Tras el chapuzón que supuso el concierto de Mr. Grant, y ya con ropa seca, tocó el chapuzón más esperado del festival, el buceo lento por el océano de sonido de Slowdive, el concierto reunión de esta edición. Tras la decepción que el pasado año supuso el concierto de sus coetáneos My Bloody Valentine, la mosca rondaba mis orejas. Hicieron falta 30 segundos para disipar todas mis dudas, los 30 segundos que tardaron las voces de Neil Halstead y Rachel Goswell en entrelazarse en el tema que da nombre al grupo. "Catch the Breeze", "Machine Gun", "Blue Skied an' Clear", "Souvlaki Space Station", "When the Sun Hits" y así hasta 10 temas, versión de Syd Barret incluida, siguieron. Guitarras abrasivas, voces etéreas, ritmos cannabicos, bajos profundos… un auténtico catálogo shoegaze preciosista ejecutado con guante de seda. Solo faltó Alison.

Y llegó el que para mi fue gran solape del festival… Pixies - The War On Drugs. Dado que los conciertos inmediatamente anterior y posterior anotados en nuestra agenda tenían lugar en Mordor, nos decantamos por los primeros. Hasta ahora, en un concierto de los duendes de Boston te podían pasar dos cosas: que sonasen potentes y motivados o que sonasen flojos, desmotivados y a piñón fijo. El repertorio, en cualquiera de los casos, siempre iba a ser intachable. Pues bien, lo imposible ha pasado: Pixies no solo sonaron flojos, desmotivados y a piñón fijo, sino que los nuevos temas introdujeron la variable imposible, la de los malos temas. Concierto para olvidar y gran bluff de esta edición.

Harina de otro costal fue lo de The National. Aún fresco en nuestra memoria su triunfal paso por el festival en la edición 2011, tan solo les quedaba refrendar este second coming con algún tema de su último disco, "Trouble Will Find Me". Y así lo hicieron, interpretando hasta 6 canciones del mismo. Con el apoyo puntual de una mínima sección de viento, los de Ohio dieron un concierto intenso con frecuentes momentos de esa épica desgarrada tan del gusto del público indie. No obstante, algo me hace sospechar que su fórmula, esos rasgos tan marcados que tanto nos gustan, esa voz tan grave, esos ritmos marciales, esos crescendos súbitos, esa melancolía, ese cantante con pinta de profesor universitario con sus esporádicos arranques de furia… todo ello tiene fecha de caducidad. Deberán reinventarse o morir.

Y para finalizar el día, nada mejor que una buena dosis de cachondeo, bailoteo y buen rollito, todo ello procurado por !!! primero y por Jagwar Ma después. De los primeros, destacar a su cantante Nic Offer, un frontman cuyo vestuario y pasos de baile fascinan y divierten a partes iguales. Por lo demás, el funky, rock y electrónica a borbotones marca de la casa. De los segundos, un tanto predecibles tras la sorpresa inicial, destacar las explosiones puntuales de neopsicodelia electrónica. "Come Save Me" fue, sin lugar a dudas, el gran momento del concierto.

Para el tercer día, el deterioro físico era algo más que evidente, por lo que la sesión de conciertos comenzó algo más tarde, con las Dum Dum Girls en el Pitchfork. A pesar del escenario, concierto correcto. A destacar la voz y presencia de Dee Dee Penny, comandando al resto de compañeras en un concierto que se centró en su último y alabado disco; lástima, a mi el que más me gusta es el primero. Seguidamente, nos dirigimos al Heineken para ver a Spoon. Buen concierto de R&B y Rock clasicote en el que se echó en falta un poquito más de desmelene y espontaneidad. Lo mejor, la voz de su cantante y "Don't You Evah", lo más cercano que han tenido a un hit. Otro concierto correcto, sin más.

Los compañeros de aventura decidieron en este momento acudir a la llamada de Justin Vernon, mientras que servidor, muy fan de Bon Iver pero poco entusiasta de Volcano Choir, decidió acudir a la llamada del freak neozelandés Connan Mockasin. Más admirador de la neopsicodelia de "Forever Dolphin Love" que de la música para follar de "Caramel", no faltaron pellizcos de ambos. Contruyendo y decontruyendo las canciones a su antojo, aquí un guiño a Prince, aquí uno a Neu!, el concierto fue una exhibición instrumental que solo se vio afectada por algún problemilla técnico puntual (esa nota aguda ad infinitum durante esa joyita que es "Faking Jazz Together") y el solape sonoro del cercano Pitchfork.

El pasado mes de febrero, Trent Reznor se refería a la gira actual indicando que se alegraba de poder tocar más cosas de "The Fragile" y "Year Zero", cosas más electrónicas así como material más agresivo que no requiere a 8 personas sobre el escenario. No tengo ni idea de cómo suena la banda con 8 personas, lo que sí sé es que el espectáculo que ofrecieron estos 4 Nine Inch Nails fue apabullante, toda una lección de lo que debe ser un concierto de rock. Luces, sonido, actitud, canciones, rabia, riesgo, control, momentos de exultante belleza compaginados con otros de furia desgarradora y la constante sensación de que tus emociones son un títere en sus manos. Música electrónica, industrial, rock, samples, guitarras eléctricas y la voz de un Reznor tan entregado como el público. 21 temas ("Me, I'm Not" - "Sanctified" - "Copy of A" - "The Day the World Went Away" - "The Fragile" - "Reptile" - "March of the Pigs" - "Piggy" - "The Frail" - "The Wretched" - "Disappointed" - "Came Back Haunted" - "Survivalism" - "Year Zero" - "Gave Up" - "Find My Way" - "Closer" - "The Warning" - "The Great Destroyer" - "Wish" - "The Hand That Feeds" - "Head Like a Hole" - "Hurt") y 90 minutos más tarde, los clavos de nueve pulgadas habían dejado una marca indeleble en el Parc del Fórum. Now you know this is what it feels like. Top 10 de la historia del festival.

Foals, junto a Warpaint, en el capítulo de descubrimientos. Con un cancionero sucinto y poderoso que oscilaba constantemente entre lo épico y lo festivo, entre el rock progresivo y la música de baile, el quinteto de Oxford demostró una compenetración magistral, incluso cuando su cantante surfeaba guitarra en mano entre las masas de manos de las primeras filas. Esa voz, guitarras, estribillos, todo me recordó poderosamente a algo equidistante entre The Rapture y The Cure. Concierto muy disfrutable y asignatura pendiente.

Para acabar, Cut Copy tuvieron el complicado cometido de organizar un fin de fiesta a la altura de todo lo visto y oído en los tres días de festival. Y cumplieron, pero solo a medias. Ni tienen canciones ni la actitud de unos, digamos, Hot Chip. Pero jugaban con la carta de un público entregado de principio a fin que apuraba esos últimos instantes de festival con más ganas que fuerzas.

*País ficticio que aparece en la novela El Señor de los Anillos y nombre comúnmente usado para denominar a la zona más alejada de la entrada del Parc Del Fórum, en la que se han situado por primera vez dos escenarios grandes en vez de uno.

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