Texto: Sergio Rodríguez
Fotografías: Maia Figueroa y WasFoto?

Sala Apolo – La 2, Barcelona, viernes 21 de Octubre.

Subir las escaleras que conducen a la pista de baile de la sala Apolo siempre me produce un agradable hormigueo en las piernas. Recuerdos de aquellas otras noches. Y como entonces, lo primero que noto es la vibración del suelo de madera fundiéndose con la cadencia de mis pasos. En el centro de la pista, el sonido te golpea directamente en las tripas.

Apenas son las ocho y media de la tarde, y pese a que el ambiente es todavía frío, Museless, encargada de inaugurar el escenario principal, nos coge totalmente desprevenidos. Quizá su propuesta electrónica se adecuaría mejor a una franja horaria más avanzada, pero lo cierto es que el factor sorpresa juega a su favor. Muchos estarán aún preguntándose, días después, de dónde demonios ha salido. A primera vista, es inevitable pensar en Grimes, pero la catalana Laura Llopart demuestra tener personalidad propia. Envuelta en unos sorprendentes visuales —que lejos de ser mero ornamento, se sincronizan con la música a la perfección formando un conjunto indisoluble— va desgranando los temas de su reciente debut Grey Boy, donde resuenan ecos de trip-hop, synth pop y electrónica oscura matizada por la suavidad de su voz. A seguir, sin duda alguna.

Antes de atravesar la puerta de La 2 ya nos alcanzan de lleno las infecciosas melodías de Boys Forever, nuevo proyecto de Patrick Doyle, batería de Veronica Falls. Con tres acordes, letras sencillas y sin pretensiones, y unas melodías capaces de taladrarte el cerebro durante días consiguen una respuesta excesivamente entusiasta del público. Flavour of the… day?

De vuelta a la sala principal, en su primera actuación por tierras europeas, la jovencísima Lucy Dacus está presentando sus credenciales para ganarse un lugar de honor en ese grupo de destacadas autoras indie rock en el que figuran nombres como Julie Doiron, Sharon Van Etten, Dawn Landes o la más reciente Torres. Y es que a las notables composiciones de su álbum de debut No Burden, la de Richmond une una imponente voz que igualmente le permite lucirse en infalibles himnos como «I Don’t Wanna Be Funny Anymore» o «Strange Torpedo» que crear una atmósfera sobrecogedora en los momentos más intimistas.

Public Access T.V. parecen tenerlo todo excepto tiempo. Tienen el nombre, la imagen, el favor de la prensa especializada, un puñado de buenas canciones herederas de la new wave neoyorquina («Monaco», «End of an Era», «Patti Peru») y sobre todo, y como principal virtud, la frescura y el descaro que les confiere la juventud, lo que puede convertirse en un arma de doble filo y hacer que se cierna sobre ellos la amenaza del ahora o nunca. En esta ocasión, no consiguen incendiar la sala como sería de esperar y, a juzgar por lo visto, parecen estar más cerca de seguir los pasos de unos fugaces The Soft Pack que aspirar a convertirse en los nuevos The Strokes.

Los neozelandeses Yumi Zouma, por su parte, cumplen con creces las expectativas trasladando al escenario toda la sensualidad y delicadeza de su primer álbum Yoncalla con un sonido impecable y repleto de matices que nos pone a bailar desde el primer minuto. Tras la calidez de la inicial «Barricade» o las melodías irresistibles de «Haji Awali», llegan al punto más álgido cuando nos regalan esa gema pop que es «The Brae», escondida en su primer EP. Es uno de esos conciertos que te deja una estúpida sonrisa de satisfacción en la cara y la sensación de que el precio de la entrada ya ha sido amortizado con esta sola actuación.

Tras ellos, Tverski están decididos a convertirse en la revelación de la temporada dentro de la escena local. El dúo formado por Alan Himar y Xavier Paradís (integrante también de los notables Boreals), se aproxima al house por la vía francesa, yendo de los momentos más hedonistas de Daft Punk (salvando las distancias) a ejercicios más jazzísticos con reminiscencias del St. Germain de Tourist cuando Alan Himar se emplea a la flauta o el saxo, y dejando también destellos de funk y ciertas tonalidades chillwave por el camino. En Foehn Records ya deben estar relamiéndose ante la inminente publicación de su debut en la discográfica barcelonesa.

Con las energías ya mermadas, optamos por darle una oportunidad a Operators antes de irnos. Y si bien en su debut en largo Blue Wave dejaban un regusto a déjà vu, su pop sintético de aires ochenteros y guiños al post-punk gana en músculo y pegada en un directo comandado por la enérgica figura de Dan Boeckner, mirándose más en el espejo de unos edulcorados LCD Soundsystem que en la saga Joy Division-New Order (pese a que Peter Hook bien podría reclamar royalties por «Cold Light»).

Sala Apolo – La 2, Barcelona, sábado 22 de Octubre.

Si el día anterior la escasa entrada había permitido disfrutar de las actuaciones con comodidad y una movilidad fácil entre las salas, el sábado sería otra historia. La presencia en esta jornada de Minor Victories como oficioso cabeza de cartel podría explicar que el número de asistentes pareciera doblarse de un día para otro, provocando que entrar en La 2 se convirtiera en ocasiones en una auténtica odisea.

Cuando llegamos, El Lado Oscuro de la Broca están despidiéndose de la sala Apolo con un muro compacto y arrollador de noise rock de afiladas guitarras. Los zamoranos hacen valer sus años en activo para despachar un directo contundente.

Mientras, una audiencia expectante se arremolina en La 2 ante la aparición del australiano Alex Cameron: versión crooner kitsch de Nick Cave y el tipo de personaje tan del gusto de los espacios de tendencias y de la juventud moderna de la ciudad que podría despertar cierto interés como curiosidad humorística, pero que en lo estrictamente musical no ofrece mucho más que un simple karaoke de oscuro pop electrónico con las bases pregrabadas y el acompañamiento de un saxofonista. Se da el extraño caso de que el público mantiene un respetuoso silencio durante los largos monólogos del australiano y se vuelve ruidoso durante las canciones. El público barcelonés nunca dejará de sorprenderme. Ante esta perspectiva, la ecuatoriana afincada en New York María Usbeck no lo tiene fácil para presentar la fragilidad y minimalismo de su reciente Aurora, donde rinde tributo a su cultura natal y a algunos lugares como la misma Barcelona («Ciudad Desnuda») o la Isla de Pascua.

De vuelta a una sala 2 menos concurrida, los catalanes Retirada! se convierten en una agradable sorpresa. Con una interesante propuesta que va del post-rock al shoegaze, el dúo (guitarra y batería) construye las canciones grabando y superponiendo con efectos de loop las diferentes capas de guitarra en un sutil in crescendo de intensidad y emotividad. Podrían ser el aperitivo perfecto para el plato fuerte de la noche, pero entremedias aún asistiremos a dos aproximaciones diferentes a la psicodelia. Por un lado, el multinstrumentista escocés C Duncan saca a relucir su formación clásica para mostrar su visión de la psicodelia pop de corte bucólico y sonido refinado, donde los juegos de voces adquieren un especial protagonismo en un set en el que «Say», de su álbum Architect, brilla con luz propia. Por su parte, los holandeses Pauw tienen un pie en el rock progresivo de los sesenta mientras que con el otro intentan abrirse paso entre nombres como MGMT («Memories»), los primeros Tame Impala o Temples. Más disfrutables ambos en pequeñas dosis.

Si bien los supergrupos tienden a convertirse en un inofensivo divertimento de sus componentes, en el caso de Minor Victories puede asegurarse con absoluta certeza que el resultado final es mucho más que la suma de sus partes. Tras facturar uno de los discos más destacados del año, el grupo formado por Rachel Goswell (Slowdive, Mojave 3), Stuart Brathwaite (Mogwai), Justin Lockey (Editors) y su hermano James Lockey, deja patente desde el primer momento que este proyecto tiene más bien poco de inofensivo. Con una agresiva base rítmica y la delicadeza de la voz y melodías de Rachel Goswel en contrapunto con las guitarras envolventes de Stuart Brathwaite, los británicos imparten un curso acelerado de shoegaze de extremada intensidad donde, como no podía ser de otra manera, temas como «A Hundred Ropes» o la épica controlada de «Scattered Ashes (Song for Richard)» reciben las mayores ovaciones de la noche. Vinieron, vieron y vencieron.

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