-¿Te imaginas la edición 300 del L.E.V.?

La pregunta me la hacía un amigo en el patio de La Laboral entre conciertos y lo cierto es que resulta complicado imaginar la evolución del arte audiovisual de vanguardia en un periodo tan dilatado. Es más sencillo echar la vista atrás para recordar a los espectadores de los primeros largometrajes de cambio de siglo, haciendo equilibrios mentales entre el horror y la fascinación al contemplar La Llegada del Tren de los hermanos Lumière o el Viaje a la Luna de Georges Méliès en la oscura sala de un café parisino. De forma que no, no imagino el LEV 300, o -puestos a imaginar- el LEV 9000, pero estoy seguro de que el espanto sería similar al de los espectadores de aquellos primeros cortometrajes. Para evitar huidas del teatro y prevenir problemas cardiacos, el Laboratorio de Electrónica Visual de Gijón (este año habrá réplica en Madrid) toma el pulso a la actualidad de vanguardia audiovisual desde hace ya 13 ediciones para ofrecernos una muestra digerible de algunos de los números más destacados en ese campo.
Uno de ellos nos aguardaba nada más pisar el patio de La Laboral, concretamente tras las puertas abiertas de su iglesia; hablamos de la instalación del artista audiovisual Refik Anadol, Melting Memories, que muestra en una enorme pantalla esculturas de datos aumentados en constante movimiento que obligan a replantearse qué es lo que uno está viendo: masas gaseosas, líquidas, volcánicas o digitales en un constante y lento proceso de mutación. Por momentos, daba la impresión de que las figuras iban a salirse de la pantalla. En lo musical, pasajes ambient celestiales muy idóneos para el recinto. Por cierto, el éxito de la instalación ha forzado una ampliación de fechas hasta el 14 de mayo. Ya en el teatro, el dúo Schnitt (Marco Monfardini y Amelie Duchow) junto a Gianluca Sibaldi ofrecieron el estreno mundial de Scan Audience, una performance que - algoritmo mediante- escanea al público en tiempo real para crear muestras de sonido a partir del análisis del cuerpo y ropa del espectador. Los presentes fuimos paulatinamente representados en pantalla, cada vez de manera más nítida, mientras la traducción sonora barría a su vez todo el espectro de frecuencias.
Para el siguiente concierto nos encontramos el teatro repleto de humo y un aviso en la pantalla rogando poner los móviles en modo avión. El motivo, evitar interferencias durante Ballistics, la performance audiovisual de Myriam Bleau para péndulos equipados con sensores de movimiento que permiten manipulaciones manuales, oscilaciones, giros y trayectorias de impulso traducidos en distintas frecuencias sonoras. Al igual que Michela Pelusio en la pasada edición, Miriam consiguió hipnotizarnos con algo tan sencillo como el movimiento de objetos en el espacio. Tras el escaneo y los péndulos sonoros, Elias Merino & Tadej Droljc nos introdujeron a la vida extraterrestre con Synspecies: las criaturas en cuestión, unos bicharracos mutantes basados en partículas luchando violenta y ruidosamente (de escándalo los arreones de diseño sonoro) por su espacio en un universo virtual, planeta rojo incluido. Para acabar, Lanark Artefax nos subió a la nave extraterrestre y nos puso delante de un monolito, suerte de puerta astral al infinito con visuales no siempre sincronizados y fogonazos constantes de luz blanca no aptos para epilépticos. En lo sonoro, sacudidas de techno abrasivo entre las que se colaban pinceladas melódicas y grititos (juraría que ese sample vocal recurrente se lo he oído a Aphex Twin). Muy, muy bestia: quiere hacer daño y lo consigue.

Una vez llegamos a la nave, tuvimos que elegir entre ver la actuación de Matthew Biederman y Pierce Waanecke o hacer cola para activar la recién instaurada pulsera monedero. Elegimos esto último creyendo que la mayor parte del público ya la habría activado y que el proceso duraría unos minutos. Tres cuartos de hora más tarde, aun seguíamos esperando a que nos atendiese un personal eficiente pero del todo insuficiente. Por otro lado, es la primera vez que me cobran un vaso en un festival y no me reintegran el importe al devolverlo, obligándote a llevarlo siempre encima o adquirir varios vasos de recuerdo. Punto negativo. Ya cerveza en mano (exquisita La Salve "edición LEV", punto positivo), pasamos del infierno noise digital (guitarra incluida) de unos Bliss Signal cercanos al post-rock de Explosions in the Sky a la clase de unos Overmono divertidos y poliédricos que nos pusieron a bailar por primera vez en la noche y nos hicieron añorar la electrónica rave e idm de los 90. A propósito, los interludios entre conciertos fueron elegantemente vestidos por estrellas del sello Warp de esa década como Autechre o Boards of Canada. Abandonamos el recinto mientras escuchábamos la electrónica oscura de diseño de una Hiro Kone que se hubiese beneficiado de una programación más temprana: tras la fiesta techno de Overmono, no estaba el cuerpo para propuestas "serias".

Comenzamos la jornada del Sábado en el Muséu del Pueblu d’Asturies, un emplazamiento con el encanto de las fiestas de prau, como dicen por allí. Llegamos con Colin Self sobre el escenario, que llevó a cabo una performance con pistas pregrabadas sobre las que cantó, bailó e interpretó como un animador de fiestas algo pasado de vueltas. Canción melódica, disco, dance y ego, mucho ego. Más discreto e interesante resultó el concierto de Jailed Jamie, el nuevo proyecto del asturiano Jaime Tellado (aka Skygaze), que toco mil y un palos: Breakbeat, acid, drum’n’bass, sampledélica y el uso inteligente de efectos para poner al respetable a bailar durante la hora y media de concierto. Igualmente destacar el exquisito servicio de restauración, basado en propuestas veganas: la hamburguesa de remolacha y la tarta de fresa fueron 2 de los triunfadores del día.
Iniciamos la jornada del teatro con Transforma: Manufactury, con música de Sascha "Apparat" Ring, mezcla de coreografía, vídeo, grabaciones de campo y concierto para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción en cadena de la era industrial. Musicalmente asistimos al lado más minimalista y experimental de Apparat, mientras que las coreografías resultaron -¿intencionalmente?- monótonas. Espectáculo wtf de la edición. A continuación fue el turno de Caterina Barbieri; la italiana dio todo un recital para arpeggio y patrones melódicos repetitivos, una propuesta arriesgada en su minimalismo a la par que fascinante e hipnótica. Los visuales, a cargo de Ruben Spini, mostraron paisajes panorámicos, carreteras y vuelos que, pese a su belleza estética, no siempre funcionaron. El último concierto del teatro fue el de Alex Augier y la artista visual Alba G. Corral, que estrenaban en exclusiva el proyecto coproducido por LEV ex(O). Musicalmente fue el gran triunfador del día, mostrando una electrónica experimental y futurista de cualidades cinematográficas. Respecto a los visuales, un revolver fotográfico, suerte de cilindro en cuyo interior se encontraban ambos artistas y sobre el que se deslizaron imágenes abstractas y colores chillones.
En plena recta final de este LEV 2019, asistimos en la nave a un concierto de Klara Lewis basado en esculturas ambient y field recordings de gran belleza, drones hipnóticos en mundos submarinos y paisajes nevados y crepusculares. El concierto refrendó la necesidad de que LEV cree un espacio nocturno para escuchas en posición horizontal. A continuación, Robin Fox inundó de láser la nave, creando melodías sincronizadas a la perfección con los rayos: todo un espectáculo futurista, un estudio de la conexión entre el voltaje del sonido y el voltaje del proyector láser. El concierto adelantado de Gazelle Twin repasó de principio a fin su fantástico último álbum, Pastoral. Elizabeth Walling tiene canciones, una increíble voz y una puesta en escena teatral basada en un siniestro bufón del siglo XXI que tan pronto rapea, como toca la flauta o nos imbuye en una algarabía de samples trastornados. Sonó potente y fascinante. Por su parte, Iglooghost nos presentó su mundo ficticio a modo de videojuego interactivo (la pantalla parecía una tablet) poblado de personajes salidos de la estética manga japonesa y melodías juguetonas sobre un manto de breakbeat digital y acelerado. Como si de un programa televisivo infantil japonés se tratara, el divertidísimo espectáculo contó con la presencia de los personajes de la pantalla, seres gigantes que de tanto en cuanto se paseaban por el escenario para escenificar las partes vocales. Freakada muy disfrutable para finalizar nuestra andadura por este estupendo L.E.V. 2019.

Texto: Hedda
Fotografías: ©LEVfestival_Elena de la Puente

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