15/02/2020, Espai Jove Les Basses, Barcelona.

Un año más, el Minifestival de Música Independiente de Barcelona volvió a convertirse en un auténtico oasis para esa especie en peligro de extinción constituida por gente que acude a los conciertos con la principal intención de escuchar música, pues el respetuoso e inusitado silencio que reinó en el recinto permitió disfrutar de todas las actuaciones en su plenitud, especialmente de aquellas más íntimas. Una cualidad de la que sacó provecho Marinho para presentar su indie folk de corte intimista por tierras barcelonesas en un entorno favorable. Acompañada únicamente por su guitarra acústica y una voz de registro portentoso, la joven lisboeta se mostró a gusto sobre el escenario, tanto como para llegar a hacer que la audiencia le prestara sus voces a modo de coro en cierto momento de un set en el que brillaron temas como «Ghost Notes» o «Freckles».

También destacó la británica Sarah Nixey, quien acompañada de su marido Jimmy Hogarth a la guitarra, desplegó toda su elegancia a lo largo de un repertorio sin fisuras que se hizo corto y en el que hubo tiempo, como no podía ser de otra manera, para evocar a Black Box Recorder en un ejercicio de nostalgia con la delicada belleza de «Girl Singing in the Wreckage», «England Made Me» o esa «The Facts of Life» que supuso su principal intento de asaltar las listas de éxito británicas allá por los noventa y con la que Luke Haines y John Moore se proponían hacer de Sarah una estrella pop. Por su parte, la californiana Emily Jane White dio un giro hacia parajes más sombríos con un folk rock de tinte más clásico y perfecta ejecución, que unido a la profundidad de su voz conformaron una hipnótica y envolvente atmósfera.
La juventud y desparpajo de los londinenses Happy Accidents puso la nota más colorida de la jornada, con un radiante punk pop con la mirada puesta en el indie rock de los noventa y que, siguiendo la máxima de que en ocasiones menos es más, en formato trío y perdiendo alguna guitarra con respecto a sus grabaciones, los pequeños detalles cobraban mayor relevancia y el juego de voces y melodías de Rich Mandell a la guitarra y Phoebe Cross a la batería traían a la memoria a bandas como Papas Fritas o los más recientes The Goon Sax.

Los veteranos The Orchids, nombre repescado del catálogo de Sarah Records y muy en consonancia con el historial del Minifestival, pusieron un festivo broche final repasando algunas de esas ocultas gemas pop que han ido cultivando en los últimos treinta años.

Justo es reconocer, y agradecer, el encomiable esfuerzo realizado por la organización del Minifestival para ofrecer año tras año un más que interesante cartel a un precio que podría considerarse simbólico, y haber sobrevivido estos 25 años en una ciudad escaparate cada vez más prostituida al capital extranjero y la especulación inmobiliaria y empeñada en deshacer el tejido cultural local que a duras penas bulle por sus venas.

Texto: Sergio Rodríguez
Fotografías: Maia Figueroa

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